Opinión

¿Se habrá enterado alguien?

Días pasados recibí un SMS de un buen amigo, de cuyo nombre no me debo acordar, profesional destacado en lides de política educativa, doctor en disciplinas humanísticas, para más señas por una prestigiosa Universidad, Master en una no menos prestigiosa Universidad de Estados Unidos, católico a machamartillo, y con apellidos de pedigrí académico, que decía: “Si los obispos españoles no fueran tan …, en lugar de la asignatura de religión lo que deberían preocuparse es que se ha laminado la presencia del cristianismo como hecho cultural en la historia y en la filosofía. Eso es lo preocupante para un padre católico a mi juicio”.

            El lenguaje coloquial no permite transcribir los puntos y seguido que dedica a los obispos que, al fin y al cabo, responde a una habla de cierta desafección entre gente de centro-derecha, además de una forma de hablar cibernética entre colegas, que no sé si ciberética.

Mi contestación fue inmediata, aunque la ironía, da la impresión, no solo no funciona en la radio, tampoco en los SMS. Le dije que no negaba la mayor, porque seguro había estado analizando los recién hechos públicos contenidos de las asignaturas de la nueva Ley de Educación, pero que escribiera una carta a la Conferencia Episcopal que, seguro, se lo agradecerían.

Añadí, además, que, según yo sabía, la cuestión de la insistencia por la asignatura de religión no viene determinada por mantener el estatus de cientos de ejemplares profesores, sino por el valor en sí mismo de la asignatura. Y que, además, esta apuesta no es incompatible con la que él proponía. La última frase de su SMS era más un recurso retórico que otra cosa. 

            Pues hete aquí que si los lectores le dedican más de cien minutos a leer detenidamente el “Proyecto de real decreto por el que se establece el currículo básico de la Educación Primaria, de la Educación Secundaria Obligatoria y del Bachillerato en filosofía de primero de Bachillerato”, se encontrarán, en las materias troncales, con: Filosofía: “La Edad media: razón y fe; El pensamiento medieval: creación a imagen divina, nueva concepción del cuerpo y el alma, de la muerte, la libertad. 7.6 Algunas claves sobre el sentido de la existencia humana. La cuestión del sentido, la esencia y la existencia, el yo, la libertad, la muerte, el destino, el azar, la Historia, la necesidad de trascendencia”.

            Sorpresa morrocotuda a la hora de analizar el Programa de Historia de la Filosofía de 2º  de Bachillerato. Desaparece San Agustín, y se queda solo Santo Tomás de Aquino, con el siguiente modelo: “ El autor y su contexto filosófico. Dios y sus criaturas. La Ética. Los tipos de verdad y el empirismo. La Ley Moral Natural. La Ley positiva”. Eso sí, que Habermas y la postmodernidad no falten.

            De la Filosofía de cuarto de la ESO, de las materias específicas, sin comentario. O de la de Valores éticos, y toda su rama, como si el cristianismo no hubiera contribuido decisivamente a la conformación histórica de esos valores.

            Y, colorín, colorado, este cuento se ha acabado. Perdón, en Historia del Arte, lógicamente se estudian los estilos de inspiración cristiana; en la Historia de España, los reinos cristianos… ¿Cómo explicar lo que da sentido a eso que se explica?

Sorprende que en la Historia del mundo contemporáneo, la historia del presente, no se proponga hablar del papado, al menos del Papa Francisco.

La pregunta es clara. Un niño, adolescente y joven, que no asista a las clases de religión, ¿qué sabrá del hecho cristiano en la Historia, en su Historia, en la Historia de su cultura y de su civilización?

Y no me hablen de vertebración, impregnación y propuesta transversal, que ya nos conocemos.

¿Se habrá dado cuenta alguien de esto?

José Francisco Serrano Oceja


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