Opinión

Los problemas de Rajoy con la vida

Quizá no parezca oportuno recordar tanto que el Partido Popular ha incumplido su compromiso electoral a favor de la vida, que implica retirar la anterior ley del aborto, implantada con rodillo y sin consenso durante el Gobierno de Zapatero. Quizá perjudique seriamente a los populares en las elecciones generales de otoño, o incluso en las municipales, aunque son otra cosa. Quizá salgamos todos perjudicados al permitir que otras formaciones más distantes aún del humanismo cristiano, o simplemente del humanismo: quienes defienden directamente el aborto como un derecho o la eutanasia; la asfixia de la escuela de iniciativa social para implantar de hecho la escuela pública única; el matrimonio y la adopción con personas del mismo sexo, el colectivismo, etcétera. Quizá todos ellos lleguen a gobernar arrejuntados contra el Partido Popular y nos hagan la vida más imposible. Y quizá por eso habrá que repensar mucho las cosas. Y sin embargo se comprende el enfado con el Gobierno de Rajoy por haber renunciado a los principios que le daban identidad.

El Gobierno de Rajoy acaba de tramitar en el Congreso una reforma mínima de la ley Aído del aborto exigiendo la mayoría de edad para poder abortar. Para este tortuoso viaje no hacían falta tantas alforjas. Tres grandes manifestaciones en año y medio representan a millones de ciudadanos contrarios a una ley que cada año siega la vida de cien mil criaturas. Porque esa es la realidad, se mire por donde se mire. Las organizaciones que defienden la vida se pronuncian una y otra vez contra una ley dañina para la sociedad, pues crea la mentalidad de que el aborto es un derecho, nada más lejos de la realidad. Abundan también las declaraciones de científicos, pensadores y expertos en derecho señalando la necesidad de una legislación que defienda definitivamente la vida. Sin embargo, el gobierno de Rajoy hace oídos sordos y se aleja de la realidad. Quizá ignoran voluntariamente que los augures de las encuestas pueden orientar la estrategia electoral, pero desde luego no llegan a detectar las actitudes más profundas de los ciudadanos sobre la vida.

El gobierno de Rajoy parece ofuscado por levantar la economía, algo necesario y merecedor de elogio, mientras pierde consistencia política por falta de ideología, es decir, de principios que alimenten el quehacer político. Por eso a muchos votantes les da igual el PP, Ciudadanos, UPyD, o la abstención. Rajoy y sus gurús buscan razones para explicar la sangría de votos, y si escucharan descubrirían que es por minusvalorar los principios de sus votantes más activos y por permanecer pasivos ante el derecho a la vida. La historia de este periplo cuesta abajo ha sido respondida con precisión entre otros medios, incluído El Confidencial Digital. Rajoy presumía de ser predecible y por desgracia comprobamos que es verdad: una y otra vez muestra que no piensa cambiar la actual ley del aborto. O no puede pues algunos malpensantes suponen que tiene compromisos ocultos con instancias mundiales que trabajan por destruir la familia y la vida. Ojalá sólo fuera catastrofismo sin fundamento.


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