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Y nos sorprendemos del nazismo

Gina Rinehart, la heredera multimillonaria de la minera Hangkock Prospecting ha vuelto a las primeras páginas de la prensa mundial por su última genialidad para solucionar el mundo. En este caso propone esterilizar a las clases bajas para evitar que se multipliquen. Ha llegado incluso a marcar la cifra: quien gane menos de 77.000 euros anuales no debería poder tener hijos.

Este tipo de afirmaciones, de momento, todavía hacer rechinar nuestras conciencias. Todos nos indignamos, o al menos eso parece con los millones de artículos que surgen cada vez que esta mujer habla. Pero la argumentación es la misma que utilizan muchos columnistas a diario y que ya no nos sorprende. El darwinismo social, que es muy parecido al nazismo, dicho sea de paso, propone la eliminación de los elementos débiles de la sociedad. Estos elementos débiles pueden ser discapacitados, personas con Síndrome de Down, ancianos, enfermos terminales... Es curioso que a todos nos indigne lo que dice esta millonaria australiana pero que bastante menos gente se indigne cuando el tema en cuestión es la eutanasia, el aborto o los embriones con enfermedades incurables.

Las familias que ganen más dinero, continua Gina Rinehart, deberían "animarse a tener 10 o 12 hijos". Parece lógico: que se reproduzcan los que pueden económicamente, los que no, que sean esterilizados. Si pensamos como si las personas fuesen piezas de un reloj muchas cosas tienen su lógica. Incluidos sistemas políticos que tanto asustan, como el nazismo. Pero hablamos de personas. Parece un pequeño detalle sin importancia pero en cuanto lo perdamos de vista, estaremos perdidos. Y lo estamos empezando a dejar de ver. Y lo peor es que nos estamos acostumbrando.

Zenón de Elea

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