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Un Viacrucis con los pies en la tierra y la mirada en el cielo

Copacabana, una de las playas más famosas del mundo, se convertirá el 26 de julio en un espacio de oración en el que van a tener cabida los problemas de los jóvenes junto a los sufrimientos de Cristo.

El planteamiento del tradicional Vicacrucis que se celebra en cada Jornada Mundial de la Juventud ha querido ser de enorme cercanía a los jóvenes, de ahí que se hayan propuesto plasmar, con un lenguaje fácil de comprender, esa proximidad de la comunión de la Iglesia con los problemas de los jóvenes.

Pero al mismo tiempo, la JMJ propone una solución: sobrenaturalizar esos problemas y, con los ojos puestos en la misma cruz que portó Cristo hace dos mil años, elevar la mirada al cielo.

Se han planteado catorce temas diferentes para cada una de las 14 estaciones: "joven misionero", "joven convertido", "joven de comunidad de recuperación", "joven hablando en nombre de las madres", "seminarista", "religiosa que lucha por la vida (contra el aborto)", "matrimonio", "joven hablando por las mujeres que sufren", "estudiante en silla de ruedas", "joven de las redes sociales", "preso o joven de la pastoral penitenciaria", "joven con enfermedad terminal", "joven con discapacidad auditiva" y "joven de África, América del Norte, América Latina y del Caribe, de Europa, de Asia y de Oceanía". Y cada uno contará con una breve representación.

Una vez más, la JMJ permitirá sentir a los jóvenes lo que han repetido Juan Pablo II con su "No tengáis miedo" y Benedicto XVI con su "No estáis solos". Ahora, el Papa Francisco viene a devolverles la esperanza que no consiguen en medio de una crisis que es más grave en su versión moral que en la económica.

Zenón de Elea

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