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La otra corte de Isabel la Católica: quiénes fueron los santos preferidos de la reina de Castilla

Gestas de España, un proyecto de divulgación histórica, afirma que "la soberana fue una mujer de una religiosidad tan profunda como sincera"

Isabel La Católica.
photo_camera Isabel La Católica.

"Gestas de España" es un proyecto de divulgación histórica con un profundo significado docente y acercándola a diversos grupos de edad. Para ello cuentan con varios canales de comunicación donde ya sumamos más de 80.000 seguidores. 

Uno de sus últimos vídeos que han divulgado (se puede ver aquí) es sobre la biografía de Isabel la Católica, Reina de Castilla y promotora del descubrimiento de América y de la Conquista de Granada. Nacida en 1451 en Madrigal de las Altas Torres (un pequeño pueblo de la provincia de Ávila), hija del rey de Castilla, Juan II, su destino no era el de reinar. 

Fermín Valenzuela, uno de los impulsores de Gestas de España, analiza para Religión Confidencial la figura de Isabel la Católica: "Es una de las más complejas de la Historia de España. De ella se ha estudiado todo, incluso las personas que la rodearon y acompañaron. En el artículo de hoy, vamos a conocer brevemente la corte que envolvió a la reina y así detallar una de sus características más señaladas, su vida religiosa privada. No nos centraremos en las personalidades que tienen en mente, personajes tan extraordinarios como los cardenales Mendoza y Cisneros, el Gran Tendilla y el Gran Capitán,  sino en su corte celestial". 

Una religiosidad profunda y sincera 

La soberana fue una mujer de una religiosidad tan profunda como sincera. Dentro de esa religiosidad sobresale su devoción a los santos, a quienes consideraba sus protectores, intercesores y modelos a seguir, y, por tanto, con los que se podía tener un trato familiar y acudir a ellos en todo momento.

Para conocer cuáles fueron sus predilectos, no hay más que acercarse a su testamento, donde encontramos una recopilación muy interesante al incluir a la Virgen María; los arcángeles Miguel y Gabriel; san Juan Bautista; los apóstoles Pedro, Pablo, Juan y Santiago; los santos Francisco de Asís, Jerónimo y Domingo de Guzmán; y santa María Magdalena. De ellos se podría hablar detenidamente, pero nos centraremos en los santos sobre los cuales habla más detalladamente, porque en ellos podemos conocer parte del carácter de la reina Isabel y algunas de sus acciones durante su vida y reinado.

La Virgen María 

El puesto principal lo ocupa sin ninguna duda la “la gloriosa Virgen María, su madre, reyna de los çielos e señora de los ángeles, nuestra señora e abogada”. La devoción de la reina Isabel a la Madre de Dios es bien conocida y se ha visto reflejado en multitud de ocasiones. Podríamos señalar, a modo de ejemplo significativo, que la reina Isabel puso todas las nuevas catedrales del conquistado reino de Granada bajo la advocación de la Encarnación. Además, la propia Granada vio la influencia de la piedad mariana de la reina porque sus dos Vírgenes patronas son una herencia que dejó Isabel: la Virgen de la Antigua, la primera que tuvo Granada; y la Virgen de las Angustias, actual patrona de la capital.

Entre los santos de su corte, sobresalen los Boanerges. San Juan no podía faltar en el testamento de Isabel. Ella lo consideraba “mi abogado speçial en esta presente vida e así lo espero tener en la hora de mi muerte e en aquel muy terrible juizio”. Por eso, no sorprende que se pusiera bajo la protección de este “águila caudal e exmerada” desde que era princesa de Asturias, y así lo recogiera en su escudo personal, que se convertiría en el de los Reyes Católicos. El hermano de san Juan, Santiago el Mayor, no podía faltar. Isabel tenía muy claro que era el “singular e exçelente padre e patrón destos mis regnos e muy marauillosa e misericordiosamente dado a ellos por Nuestro Señor por speçial guardador e protector”. Por eso, fue una gran benefactora del Camino de Santiago y peregrinó a Compostela incluso en 1486 durante la Guerra de Granada.

San Francisco de Asís 

Sin embargo, un santo que se ganó el corazón de la reina Isabel fue “el seráphico confessor patriarcha de los pobres e alférez marauilloso de Nuestro Señor Ihesu christo, padre otrosí mío muy amado e special abogado”, san Francisco de Asís.

La devoción a este santo le dejó una huella muy profunda que mostró de diferentes maneras, como la petición de ser sepultada “vestida en el hábito del bien auenturado pobre de Ihesu Chripto Sant Francisco” y que se la enterrara en el “monasterio de Sant Francisco, que es en la Alhanbra de la çibdad de Granada”.

Incluso dispuso que en caso de que no se pudiera hacer allí, se la enterrara, hasta que se pudiera hacer el traslado, en el monasterio de san Juan de los Reyes de Toledo, fundado por los Reyes Católicos y en manos de los franciscanos; o, si no fuera posible, en el de san Antonio de Segovia, de monjas clarisas; y si no se pudiera hacer, en el convento franciscano más cercano.

Jerónimo y Domingo de Guzmán 

Junto a san Francisco, también señala a otros dos importantes santos, Jerónimo y Domingo de Guzmán, “los gloriosos confessores e grandes amigos de nuestro Señor […], que como luzeros de la tarde resplandeçieron en las partes oçidentales de aquestos mis regños a la víspera e fin del mundo, en los quales e en cada vno dellos yo tengo speçial deuoçion”.

Aquí se ve la vinculación que tuvo la reina con otras dos importantes órdenes de la España de aquel momento. Por un lado, están los jerónimos, monjes muy cercanos a la Corona española, incluyendo a la reina Isabel. No hay que olvidar que uno de los grandes confesores de la reina fue el jerónimo fray Hernando de Talavera, al cual hizo obispo de Ávila y primer arzobispo de Granada y con quien tuvo muy buena relación. Por otro lado, se encuentran los dominicos, una de las órdenes más favorecidas por los monarcas, como muestran los conventos que impulsaron, entre los que se encuentra el de Santa Cruz la Real en Granada.

Así, si conocer la corte terrenal de la reina Isabel nos ayuda a distinguir su faceta más humana y como reina; estudiar la celestial nos muestra una buena parte de su vida religiosa, y la influencia que va a ejercer esta religiosidad durante su reinado. En Isabel no se puede dudar que su piedad influyó en vida, y que su vida privada y pública dejó huella en su piedad.  

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