Opinión

Los portavoces del Papa

La fugacidad con la que los medios tratan la realidad convierte acontecimientos de denso contenido en titulares de renovadas portadas en ediciones de máximo veinticuatro horas.

La carta blanca que le han otorgado los medios al Papa Francisco –que Dios conserve impoluta muchos años- puede hacernos creer que tenemos un Papa que se sintetiza en titulares llamativos o en fotos en las que el calor humano, la sorpresa y la ternura, son vida hecha imágenes. Esta perspectiva es necesaria, pero no es suficiente. Se requiere, por tanto, un segundo nivel de lectura de los textos del Papa.

            Así ha ocurrido con el diálogo que el Papa mantuvo, durante los pasados 27 a 29 de noviembre, con la Unión de Superiores Generales (USG)  en el Salesianum de Roma. Un encuentro del que tenemos noticias de su contenido por uno de los más acreditados especialistas en el pensamiento y en la palabra del Papa, un intérprete autorizado como demuestra en sus libros, por ejemplo el titulado “El sueño del Papa Francisco”, el jesuita Antonio Spadaro.

En su calidad de director de La Civiltà Cattolica asistió al encuentro y publicó una amplia reseña, accesible en Internet en varios idiomas, con su peculiar método de contextualización ignaciana de las palabras del Papa, que nos ayuda a descubrir el más acreditado sentido. Después del caso de la reunión del Papa con la CLAR, los religiosos de América Latina, y de aquel comunicado, la lección se ha aprendido, y es ahora el Padre Spadaro el que da buena cuenta de lo que dijo el Papa.

            En este sentido se van aquilatando las redes de interpretación autorizada de los mensajes del Papa, después de la explosión inicial y de una no menor presión de los medios. Bien es cierto que, como se demuestra en el largo diálogo del Papa Francisco con la vida religiosa, el Papa ejerce el ministerio de la palabra, y de la doctrina, a partir de un peculiar método que nace de experiencias y de vivencias históricas sobre las que elabora una propuesta, la mayoría de las veces desde una necesidad sentida y expresada. El Papa Francisco es un singular portavoz de los signos de los tiempos.

            Sin lugar a dudas, esta forma de enseñanza, especialmente utilizada en algunos ámbitos de preferencia y de insistencia papal, nos ayuda a completar la percepción de un Papa que siempre sorprende. Esto no quiere decir que no repita argumentos, o que sus insistencias se formulen de diversas maneras y se apliquen los principios en contextos diversos. El principio de la educación, y esto lo decían siempre los jesuitas, es la repetición.

Quienes quieren dar a entender que el Papa tiene tantos intérpretes como interpretaciones se formulan sobre sus palabras y sus intenciones se topan con el hecho de que cada vez se aquilata más la acreditación de la transmisión de los mensajes del Papa a un grupo selecto. El también jesuita padre Lombardi pertenece a ese grupo de oficio. Pero hay otros.

José Francisco Serrano Oceja  


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