Opinión

Los nuevos Tácitos

Homenaje al Grupo Homenaje al grupo Tácito en la Universidad CEU San Pablo.
photo_camera Homenaje al Grupo Homenaje al grupo Tácito en la Universidad CEU San Pablo.

El Instituto de Estudios de la Democracia del CEU ha tenido la genial idea de editar dos volúmenes con todos los artículos publicados por el grupo Tácito que, entiendo, no necesita más presentación.

Una edición que se abre con la carta de Juan Carlos I a José Manuel Otero Novas, presidente del Aula Política del CEU.

Como dice Pablo González-Pola en la introducción al segundo volumen, es la primera vez que se recopilan íntegramente esas crónicas de la realidad de aquel momento.

En la carta citada, el rey emérito señala que “fueron tiempos en los que supimos aceptar responsabilidades y ponernos al servicio de España –primero- y de la Corona –después- pero, muy especialmente, al servicio de todos los españoles. Sin tanta generosidad como la vuestra, no se habría imaginado nuestro futuro y la democracia no nos habría alcanzado con el éxito y la fuerza que lo hizo”.

Con un largo prólogo de Otero Novas sobre su visión de los Tácitos y un epílogo de Marcelino Oreja Aguirre, el lector puede disfrutar de este corpus de Doctrina Social de la Iglesia aplicado a ese momento de la historia de España.

Mucho se ha hablado de la contribución de la Iglesia a la Transición política. He aquí el testamento escrito de lo que también era fruto de una obra de la Iglesia, la Asociación Católica de Propagandistas, presidida entonces por Abelardo Algora, de sus hombres más destacados. Como decía Herrera Oria, las obras al fin y al cabo son hombres. Para cada obra, un hombre.

No puedo negar a los lectores que los artículos de esta edición de los textos de los Tácitos dedicados a la cuestión religiosa tienen un especial interés. Ya el tercer Tácito, después del inicial sobre propósitos y el segundo sobre política exterior –de junio de 1973-, se dedicó a las relaciones Iglesia-Estado.

Arranca ese escrito, de 3 de julio de 1973, con el siguiente párrafo: “En el panorama político español actual, uno de los problemas pendientes de solución y con el que tendrá que enfrentarse el nuevo Gobierno es el de clarificar las relaciones entre la Iglesia y el Estado y devolver a ésta la serenidad que exige un pueblo confesionalmente católico, en el que pervive un sentimiento religioso que, aunque quizá sea cada vez menos mayoritario, es al mismo tiempo más auténtico”.

El texto es puro Concilio Vaticano II aplicado a la situación española. Se diría, y es lógico, que va por delante de las declaraciones del episcopado en ese momento.

Por cierto que, incluso en esta materia, no es ajena la polémica. El caso Añoveros hizo que un miembro abandonara el grupo por una supuesta “equidistancia” del grupo Tácito en ese asunto. No hay más que acudir al artículo dedicado a esa cuestión, de 12 de marzo de 1974, para descubrir no una equidistancia sino “una osada discrepancia” y “sentido común”, como señala Otero Novas.

Ahora que, de una forma u otra, la cuestión de las Relaciones Iglesia-Estado está de nuevo sobre el tapete, no estaría demás que surgiera un nuevo Tácito.

Pero, ¿de dónde?, ¿desde dónde?, ¿en dónde?  Un nuevo Tácito para el bien no solo de España sino de la Iglesia.

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