Opinión

Por favor, traigan a este obispo a España

Obispo Erik Varden.
photo_camera Obispo Erik Varden.

Por sugerencia y comunión de lo bueno con un amigo, imitándole también en esto, sigo, desde hace tiempo, al obispo de Trondheim, diócesis noruega. Su nombre es Erik Varden y es, o fue, según se entienda, monje cisterciense de la estricta observancia.

Su vida daría para una columna. Para que se hagan una sucinta idea. Nació el 13 de mayo de 1974. Su abuelo era pastor protestante, sus padres, agnósticos declarados. Estudio Divinidad en el prestigioso Magdalene College de Cambridge, asistía a misa en una iglesia anglicana, vivió un curioso proceso de encuentro con el Señor en medio de una mentalidad secularizada. Después de defender su tesis fue invitado a dar clase a la Escuela Normal Superior de París.

Entonces decidió entrar en los Cistercienses, fue enviado a Roma, estudió en el Pontificio Instituto Oriental, dio clases de Siríaco e impartió docencia en el Anselmiano. Fue elegido Abad de su monasterio, el Mount Saint Bernard Abbey en Coalville, Inglaterra. El 1 de octubre de 2019, el Papa Francisco lo nombró obispo de Trondheim, una diócesis noruega, la tercera con más población, de imagínense cuántos católicos, en un contexto plural y de increencia.

Recientemente, el Abad General de la Orden, le pidió que interviniera en el Capítulo General celebrado en Asís. El texto de su intervención, publicado también en español, es uno de los escritos espirituales que más me ha impactado en los últimos meses.

Para que se hagan una idea, me van a permitir que reproduzca solo el primer párrafo, aunque sea un poco largo:

“En los últimos dos años la biografía del obispo ortodoxo Meletios Kalamaras se ha vuelto una referencia frecuente para mí  (Stephen  Lloyd-Moffett’s, Beauty  for  Ashes  [Belleza  donde  hubo ceniza],  2010). Él nació en 1933 e ingresó en un monasterio a los veintiún años. Allí vivió una vida de austeridad. En 1968 fue nombrado secretario del Santo Sínodo de la Iglesia  Ortodoxa Griega y se mudó a Atenas. Algunos jóvenes en búsqueda de una renovación de la Iglesia y de una vida monástica radical se reunieron en torno a él.  Surgió así una comunidad. En 1979, el Padre Meletios viajó con un grupo de doce personas al Monte Athos con la intención de establecerse allí. Sin embargo, el plan  naufragó: Meletios fue elegido obispo de Préveza, cerca de Nicópolis. Él asumió la carga episcopal sin renunciar a su condición de monje. Cuando llegó a la diócesis  ésta se encontraba sumida en el escándalo. Con el tiempo se operó una transformación, tal como lo sugiere el título de la biografía. Esta situación nos llega al corazón. ¿Quién de nosotros no ha vivido la experiencia de ver reducido al polvo un proyecto muy querido, con la esperanza de que, de alguna manera, la nueva  belleza pudiera resurgir de esas cenizas como un ave Fénix? ¿Cómo procedió Meletios? Responder esta pregunta acabadamente llevaría mucho tiempo. Me limitaré a destacar una idea clave que fundamenta todo el resto. La Iglesia es un misterio divino que debe ser entendido como tal, insistía Meletios. Cuando lo humano prevalece sobre lo divino, la Iglesia no florece. «El antropocentrismo, escribió él en 2001, mata la Iglesia y su vida»”.

Pueden leer la intervención completa en este enlace

En la Iglesia antigua, cuando germinaba la Católica, no era infrecuente que acabara siendo obispo de una región el natural de una tierra lejana, máxime si era monje.

Por favor, ¿alguien puede traer a este obispo a España?  

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