Opinión

Muere Benedicto XVI: una vida de servicio

Benedicto XVI.
photo_camera Benedicto XVI.

Juan Pablo II el Papa de la esperanza, Benedicto XVI el Papa de la teología, Francisco el Papa de la caridad… Expresiones repetidas que quieren sintetizar la percepción del mundo sobre el ejercicio de estos Pontífices. Pero en realidad todos ellos han transmitido esperanza cristiana especialmente a los jóvenes para que no tengan miedo de seguir a Jesucristo,  y todos han ofrecido la luz de la inteligencia sobre Dios, el mundo y el hombre cuando la locura se apodera de la sociedad cayendo en la dictadura del relativismo, y los tres papas han vivido la caridad universal y concreta tocando con sus manos las enfermedades humanas y encarnado las obras de misericordia señaladas por Jesucristo como peldaños para ir al Cielo. Por tanto estos últimos Pontífices han mostrado al mundo el rostro de Jesucristo.

Misión como Papa emérito

El alemán Peter Seewald ha publicado hace poco una obra voluminosa titulada «Benedicto XVI. Una biografía», siguiendo a Ratzinger desde su niñez y adolescencia hasta su servicio como Sumo Pontífice, pasando por su participación en el Concilio Vaticano II, y su misión en Roma durante muchos años. Termina con una entrevista o últimas preguntas que cobran ahora especial relevancia como resumen del legado magisterial y carismático que deja para la historia.

Desde que es Papa emérito ha seguido la actualidad de la Iglesia sin interferir en el gobierno y magisterio que corresponden a Papa Francisco. A la pregunta sobre si ha escrito un testamento intelectual responde con un sí, que se explicita a continuación en respuesta a muchas preguntas de Seewald.

¿Contribuyó el llamado Vatileaks a su decisión de renunciar al ministerio petrino, le pregunta? Responde con valentía: «En mis Últimas conversaciones con Ud. Aclaré enérgicamente que mi renuncia no tenía nada que ver con el asunto del Palo Gabriele. Si hubiera tenido que salir huyendo de incidentes semejantes, habría habido más ocasiones de esa clase». Y responde además que su renuncia no estuvo causada por una supuesto corrupción en la Curia vaticana.

Subraya Benedicto XVI en varias ocasiones que no se  ha entrometido para nada -a pesar de habladurías- en el gobierno y decisiones de su sucesor Francisco,  y que su aportación como Padre es de naturaleza espiritual; por eso «Quien ve en la aplicación de esa imagen a la Iglesia actual [la nave zarandeada por las tempestades] -cuya verdad fundamental difícilmente puede ser negada en serio- una peligrosa intromisión en el gobierno eclesial participa de forma consciente en un intento, por entero ajeno a mi voluntad, de predisponer a la gente en mi contra».

Seewald pregunta también sobre los que no practican o no son cristianos, como los judíos, y Ratzinger remite a las palabras de san Agustín citadas por el Concilio, ( Lumen Gentium) sobre la Iglesia que peregrina en la historia entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios. Y finalmente acerca de su amistad con el papa Francisco hace memoria de aquella primera visita al Papa al emérito: «Este primer encuentro quedó grabado en mi memoria como una luz buena. Como Ud. Sabe, mi amistad personal, con el papa Francisco no solo perdura, sino que es cada vez más profunda».

Muy clarificadora en la explicación de que la verdadera amenaza para la Iglesia está en «la dictadura universal de ideologías en apariencia humanista a las que solo cabe contradecir al precio de quedar uno excluido del consenso social básico. Hace un siglo todo el mundo habría considerado absurdo hablar de matrimonio homosexual. Hoy, quien se opone a él es socialmente excomulgado. Otro tanto ocurre con el aborto y la producción de seres humanos en laboratorios. La sociedad moderna está formulando un credo anticristiano, y la resistencia a ese credo se castiga con la excomunión social. Es normal, muy normal, tenerle miedo a este poder intelectual del Anticristo, y realmente hace falta el apoyo oracional de una diócesis entera, de la Iglesia entera para oponerse a él». Y comento, este es un retrato con rasgos fuetes que va al fondo de lo que está pasando en la sociedad occidental que reniega de sus raíces cristianas, de la razón griega, y del derecho romano.

Otros muchos aspectos figuran en esta obra magna sobre el Papa emérito Benedicto XVI que permanecen ya para la historia, añadidos a su quehacer teológico, pastoral, y magisterial como Vicario de Cristo que ha transmitido la esperanza cristiana (su encíclica Spes Salvi,), la fe de la continuidad en la tradición viva (Carta Apostólica Evangelii Gaudium que terminó el papa Francisco), y su caridad ardiente en la encíclica Caritas in veritate.

Descanse en la Paz de Dios

En las exequias probablemente se seguirá la costumbre de enterrar a los papas con tres ataúdes, uno de madera de ciprés forrado de terciopelo carmesí (sangre como en la Cruz), otro de plomo (la doctrina inalterable de la Iglesia sin rupturas), y un tercero en madera de olmo (árbol que busca y extiende sus raíces en la fuente de agua viva).

Descanse en paz el querido Benedicto XVI y, como en el funeral de Juan Pablo II que presidió, nuestra oración le acompaña y que el Espíritu Santo mueva la hojas del leccionario situado encima del féretro con el soplo de su gracia para nueva evangelización de un mundo desnortado que busca a Dios sin saberlo o sin quererlo.

Vemos pues que estos tres últimos Pontífices han ejercido como con acentos personales cada Vicario de Jesucristo, el Buen Pastor, y que sobran las etiquetas y disyuntivas entre conservadores (supuestamente la Iglesia en Estado Unidos), progresistas (la Iglesia alemana), una Iglesia clásica y otra moderna, o una Iglesia encogida y otra de puertas abiertas. Es la única Iglesia de Jesucristo en la que actúa el Espíritu Santo no solo en la Cabeza sino en los millones de fieles llamados a la santidad que se esfuerzan por extender el Reino de Dios a lo largo de la historia.

Benedicto XVI ha ofrecido una vida de servicio a la Iglesia y al mundo, también a la razón y a las conciencias. Ha muerto en sábado, día mariano y víspera litúrgica de la Maternidad Divina de María que presentará ante el Niño Dios al Papa teólogo que ha vivido con heroicidad la fe, la esperanza y la caridad.

Hace dos días el Papa Francisco pedía oraciones porque se apagaba la vida de Benedicto XVI : “Querría pediros a todos vosotros una oración especial para el papa emérito Benedicto XVI, que en silencio está sosteniendo la Iglesia: recordadlo, está muy enfermo, pedimos al Señor que lo consuele y lo sostenga en este testimonio de amor a la Iglesia hasta el final”.

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