Opinión

¿Un diálogo en busca de Qué?

“En las redes sociales se pone de manifiesto la autenticidad de los creyentes cuando comparten la fuente profunda de su esperanza y de su alegría: la fe en el Dios rico de misericordia y de amor, revelado en Jesucristo. Este compartir consiste no solo en la expresión explícita de la fe, sino también en el testimonio (…) Una forma significativa de dar testimonio es la voluntad de donarse a los demás mediante la disponibilidad para responder pacientemente y con respeto a sus preguntas y sus dudas en el camino de búsqueda de la verdad y del sentido de la existencia humana” (Benedicto XVI, Mensaje a la Jornada Mundial de las Comunicaciones sociales, 2013).

Esta cita, algo más abreviada, la recoge el Papa Francisco en el Mensaje a la misma Jornada este año. Y lo hace invitando al diálogo. Este dialogo en redes y en comunicaciones, coincide con el final de los días que la Iglesia dedica muy especialmente a la oración por la unidad de los cristianos.

Transmitir la Fe es una invitación continua que el Papa Francisco nos transmite con frecuencia y sin cansancio, y la transmite a todos.

La comunicación social no se limita a la tarea de los periodistas, de los corresponsales de cualquier medio de comunicación digital y no digital en papel y por las ondas de radio, etc. La comunicación va con la naturaleza humana. El hombre es un ser relacional, que ansía la comunicación, la relación con sus semejantes humanos, de manera particular;  además de esa relación artística, vital que todos establecemos con la creación, con la belleza escondida en una rosa, en un bosque, en un lago, en una montaña nevada.

Y de manera particular, buscamos esa relación en “el camino de la búsqueda de la verdad y del sentido de la existencia humana”.

La Verdad, y la escribo con mayúscula, teniendo en la mente la palabra del Señor: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”. Esta es la riqueza más grande que un cristiano puede transmitir.

El diálogo ecuménico es precisamente la transmisión del anuncio del Concilio Vaticano II a propósito de Cristo, y de la única Iglesia de Cristo:

“Esta Iglesia, establecida y organizada en este mundo como una sociedad, subsiste en la Iglesia Católica, gobernada por el sucesor de Pedro y por los Obispos en comunión con él” (Lumen Gentium, n. 8).

El Concilio escogió la palabra subsiste precisamente para aclarar que existe una sola subsistencia de la verdadera Iglesia, mientras que fuera de su estructura visible “se encuentren elementos de santidad y verdad que, como bienes propios de la Iglesia de Cristo, impelen hacia la unidad católica”.

Comenzó el diálogo hace ya muchos años, se ha ido afirmando por la mutua petición de perdón por situaciones históricas ya superadas; y se ha ido consolidando con reuniones periódicas para analizar puntos de doctrina, de disciplina eclesiástica, etc

Un diálogo, no para llegar a una verdad; ni para consensuar en una verdad; ni para descubrir una verdad. Un diálogo para que todos los cristianos, también muchos católicos no del todo conscientes, descubramos esa Verdad de Cristo en su única Iglesia. Y la contemplemos con ojos que vean más allá de las miserias humanas, de los pecados, de los errores que, como seres frágiles, débiles y mortales, todos cometemos.

Lo ha visto muy bien, y con luz divina,  el reverendo Lars Ekbald, pastor luterano en Suecia, quien después de ejercer casi 40 años su servicio pastoral, afirma: “Pienso que cualquiera que escuche la voz del Señor y esté dispuesto a seguirlo se hará católico”; y añade que el suyo ha sido proceso que ha durado muchos años, y que ha dado el paso convencido de que responde así al deseo de Cristo de una unidad de los cristianos y de guardar el legado apostólico.

Antiguos luteranos, anglicanos, unidos ya a la Iglesia Católica nos ayudarán también a nosotros a descubrir la belleza de ser cristiano, católico.  Este es el diálogo ecuménico.

Ernesto Juliá Díaz
ernesto.julia@gmail.com


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