Opinión

¿Sabe Garrigues de qué escribe?

Al final del artículo que comenté en la tribuna anterior, Antonio Garrigues habla de la Iglesia como de una “organización religiosa tan resistente a las nuevas ideas, tan ajena a las nuevas realidades”. 

En ningún momento, sin embargo, hace la mínima alusión a que entiende él por “nuevas ideas”, y mucho menos, a que “nuevas realidades” se refiere. Y este vacío en su escrito, me da pie para lanzar algunas hipótesis, y más, porque párrafos antes hace la siguiente afirmación, a propósito del cambio que se supone va a traer a la Iglesia el Pontificado de Francisco:

Dice: “constituyen un cambio radical de postura que tiene que remover las entrañas de una Iglesia anquilosada, o clericalizada, excesivamente tediosa, negativa y condenatoria, y por ello cada vez más distanciada de las nuevas demandas sociales”.

Esta descontado señalar que tampoco hace la mínima referencia a cuales son esas “demandas sociales” de las que se distancia la Iglesia.   

¿Quiere Garrigues que la Iglesia bendiga la matanza de los inocentes no nacidos? ¿Quiere Garrigues que la Iglesia cambie los Mandamientos de la Ley de Dios, y los sustituya  por uno que diga. “Todo Vale”? ¿Qué bendiga la explotación de la mujer que tratan de llevar a cabo las feministas de “género”? ¿Quiere que de carta  blanca al intento de tantos gobiernos que pretenden enseñar vida sexual a los niños y a las niñas, y así poder manipularlos a su antojo? ¿Quiere Garrigues que la Iglesia desoiga la voz de Dios en la realidad familiar, y se dedique a proclamar lo que en tiempos de su juventud se conocía como “amor libre”?

Y por considerar las “nuevas ideas”; ¿está dentro de las aspiraciones intelectuales de Garrigues que la Iglesia ose negar que Cristo es el camino, la Verdad y la Vida? ¿Se le habrá ocurrido, como a cualquier discípulo colateral de Nietzsche, que la verdad la “establezco yo”, y “nadie más que yo”? ¿Qué el hombre es fruto ciego de una evolución ciega que se ha inventado a sí misma incluso antes de comenzar a evolucionar, y por tanto ese  Dios Creador y Padre, nada tiene que ver con el hombre?

Se entiende que estamos ante puras elucubraciones. No podemos olvidar, sin embargo, que enunciaciones tan genéricas y dilucidas como las que hace Garrigues facilitan cualquier tipo de elucubración.

En la entrevista que concedió el arzobispo Gänswein, Prefecto de la Casa Pontificia y secretario de Benedicto XVI, al responder a la pregunta: ¿Dónde cree usted que el Papa Francisco quiere llevar la Iglesia?, respondió:

“Hacia Cristo. Como su predecesor. Hay diferentes maneras y motivos de liderarla y podemos ver que el Papa Francisco tiene diferentes  énfasis comparado con su predecesor en la manera en la que lo está haciendo, pero con el mismo objetivo. Yo creo que es muy importante ver que el objetivo es el mismo, pero hay diferentes maneras de conseguirlo”.

Garrigues se olvida de que ha sido la Iglesia la que enseñó a leer a África, a América y a Europa, unos siglos antes; que ha sido la Iglesia la que ha promovido el estudio y el interés científico, en el afán de descubrir las huellas de Dios creador en la Creación; que ha sido la Verdad de la Iglesia la que  ha inspirado a los mejores artistas europeos, alimentando su afán de descubrir la belleza de la huella de Dios en sus obras; que han sido textos de la Iglesia los que han permitido llegar a una Declaración de los Derechos Humanos, etc..

Reconozcamos a Garrigues –para terminar-, un acierto en su artículo sobre los sepulcros blanqueados; y es el siguiente. Dice: “No es que vayamos por mal camino. Es que damos la sensación de que no vamos y no queremos ir a ninguna parte”. En efecto, nadie más que él podía haber descrito mejor la sensación que da.

Ernesto Juliá Díaz

ernesto.julia@gmail.com


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