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Formación matrimonial en agosto y junto a la playa

Una pareja recién casada en una playa
photo_camera Una pareja recién casada en una playa

En el lenguaje coloquial se suele coincidir que hay gente para todo, para todos los gustos. Suele concluirse así una conversación en que se alude a algo original, infrecuente. Sin embargo, curiosamente en ese “gente para todo” parecemos excluir iniciativas de formación espiritual en vacaciones, y mucho menos junto a la playa. Tal vez se debe a que hay sectores empeñados en inculcar que lo religioso no interesa, que no cabe como modo de descansar, y por tanto la formación se puede asimilar a aburrimiento.

Sí, hay gente para todo. En Benicasim, provincia de Castellón, se han organizado unos coloquios para matrimonios bajo el título “La vida es bella”, en casa de las Hermanas de Nazareth, y con el impulso del párroco del conocido municipio turístico, Luis Oliver, que destaca por su optimismo y empuje, y es el Delegado diocesano de Familia y Vida.

Ahora Benicasim está abarrotado de veraneantes, la mayoría españoles procedentes de Valencia, Madrid y Zaragoza, además de las decenas de miles de la ciudad de Castellón, que se trasladan a Benicasim en verano. Se calcula que hay más de 100.000 personas en estos días.

Paseando por esta ciudad tan turística estos días, lo fácil sería pensar que no hay matrimonios en formarse precisamente en estas semanas vacacionales. Pues la realidad es que han organizado en tres martes de agosto,  de 19 a 21 horas, los días 9, 16 y 23, estos coloquios con gran éxito, animados por el éxito de los que organizaron el año pasado.

A la primera sesión, la del 9 de agosto, asistieron 20 matrimonios: ya se ve que hay gente para todo. Y consistió en el testimonio de un matrimonio que acepta dar a luz a un niño con síndrome de Down y con muchos problemas de salud: ese matrimonio ahora da gracias a Dios por ese niño.

Por Benicasim no he visto ningún niño con síndrome de Down estos días. Ya sé que, por desgracia, apenas nacen, la gran mayoría son abortados, y los que nacen muchas veces sus familias casi los tienen escondidos, o al menos se piensan muy bien dónde ir y con quién.

No sucede únicamente en Benicasim. He de reconocer que hace tiempo que no veo a una familia por la calle con un niño que tenga síndrome de Down.

Existen matrimonios que se forman en agosto, junto a la playa, y que redescubren la dignidad y el tesoro de los niños que tienen síndrome de Down.

Zenón de Elea

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