Opinión

Los obispos juegan fuerte en la enseñanza religiosa

Alfonso Carrasco Rouco.
photo_camera Alfonso Carrasco Rouco.

No es baladí el debate que se ha creado a partir de que la Comisión Episcopal de Enseñanza, o Educación y Cultura como se dice ahora, que preside un obispo nada sospechoso de veleidades cristiano izquierdistas, monseñor Carrasco Rouco, haya hecho público el currículo de la enseñanza de la Religión en la Ley Celaá.

Además, con ese tono de sinodalidad, de participación de todos y todas de, chicos, ahora a decir lo que queramos, tan en boga. Esto de la sinodalidad se está poniendo curioso, una especie de mantra que lo mismo sirve para un roto que para un descosido.

Lo que han publicado desde la Comisión de Educación o Enseñanza quizá hubiera tenido mejor unos destinatarios limitados, los responsables de centros, los profesores, si me apuran, los pedagogos y las editoriales. Porque lo que al gran público le interesa, es decir, a los padres que van a matricular a sus hijos en la asignatura de religión, no es tanto el método pedagógico, que también, y de esto habrá que hablar, sino los contenidos y la perspectiva desde la que se ofrecen esos contenidos.

Por cierto que en esta jugada estratégica la responsabilidad también está en quien dirige el día a día los trabajos de la Comisión Episcopal de Educación y en los técnicos que inspiran la propuesta. Comencemos a hacer distinciones por lo que pueda pasar y así saber en un futuro a qué atenernos. 

El programa de las asignaturas y de los contenidos al final termina en los libros. Y ahí tenemos otro problema. Lo que ahora se ha presentado, antes se entregó a las editoriales. Habrá que esperar al desarrollo de los contenidos en los libros de texto.

Durante años he comparado lo que aparecía en los libros de las editoriales que usaban mis hijos y uff, prefiero no seguir por ahí. Supongo que habrá un proceso de revisión de los libros por parte de los obispos. Si no, nos podemos llevar más de una sorpresa. Recuerdo un informe de una profesora de Religión sobre determinados libros de una editorial que vamos.

El hecho de fondo es que la Comisión, los técnicos de la Comisión, han dado un golpe sobre la mesa, ¿para salvar la clase de Religión?, y han propuesto un modelo global de enseñanza de la Religión católica que acepta, en gran medida, no solo los presupuestos de marco metodológico, por no decir pedagógico, de la Ley Celáa. Quizá no podría ser de otra forma.

Lo importante no es el marco, en la medida en que permita un desarrollo adecuado de la propuesta. Lo importante es que si hay que dar respuesta a cuestiones globales que hoy están presente en la sociedad, y en la educación, se haga desde lo específico de la propuesta cristiana, desde la doctrina recta. Como diría Arguiñano, con fundamento. No me preocupa tal o cual procedimiento. Me preocupa que si no tenemos claro los referentes doctrinales, después, en la clase se acabe convirtiendo la asignatura de Religión en una Educación para la Ciudadanía cristianamente Light.

De momento se han reducido las horas de religión para reforzar Lengua castellana, Matemáticas, Conocimiento del medio y Enseñanzas Artísticas. La enseñanza religiosa pierde un tercio del peso que tenía en la LOE, al pasar de 315 horas a 210, según las últimas informaciones de los medios. 

Da la impresión de que los obispos de la Comisión han apostado fuerte por proponer un modelo de enseñanza de la Religión que tiene menos que ver con el anterior de lo que parece. Habrá que ver cómo sale la jugada. 

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