Opinión

Felicidades a la Asamblea Plenaria

No están las aguas sociales y económicas como para alegrías varias; la austeridad prima sobre los deseos, que antes dependían de la voluntad y ahora se han independizado. Por tanto, felicidades a la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal, que es como decir a la Conferencia.

No estaría de más que cien Asambleas sirvieran para un examen de conciencia sobre la naturaleza de esta institución, sus fines, su rol, máxime cuando nos adentramos en las vísperas, que no primeras, sino segundas, de una etapa dedicada a las elecciones de sus máximos órganos. El próximo año será el de la elección de un nuevo Secretario General, y el siguiente, del Presidente. No pocas de las conversaciones en pasillos se dedican ya a las quinielas, pero dejemos que el pertinente organismo de apuestas dicte el pistoletazo de salida.

Aparentemente, esta Asamblea se podría calificar de trámite. Puede no serlo. Según el comunicado oficial se debatirán el documento de la relación entre Iglesia diocesana y los Religiosos. "Temazo", que diría un castizo, donde los haya. Habrá que ver cuál es la dirección a la que apunta y de qué se habla cuando se habla de esta cuestión de las relaciones entre obispos y diócesis y religiosos, de la cuestión de la inserción de la vida religiosa en la vida de la Iglesia, de lo referido al trabajo de los religiosos en la educación católica, o de las intervenciones públicas de los religiosos.

Si de lo que se trata es de un brindis a la buena voluntad, pues levantemos las copas. Si hay detrás un realista diagnóstico y una también realista propuesta, bienvenida sea. Ahora bien, mientras no se produzca una evolución de la normativa canónica sobre esta materia de las mutuas relaciones no parece que haya mucho que hacer. Aunque muten las sensibilidades en la Comisión de Vida Consagrada en la Conferencia Episcopal, el día a día se impone, y hay cuestiones que ni se aclaran, ni se las esperan.

La nota oficial de agenda de la reunión de los obispos dice que "la Asamblea tomará distintas decisiones sobre la próxima beatificación de mártires del siglo XX en España, prevista para el mes de octubre de 2013". Ojo al dato. La cuestión es si las beatificaciones previstas para pasado mañana, -o ¿acaso octubre del 2013 no está a la vuelta de la esquina?-, se harán en Cataluña, Tarragona, por ejemplo, o Barcelona, dada la procedencia de los mártires o en otro lugar, pongamos Madrid, no es baladí. A nadie se le escapa que una ceremonia que implica a toda la Iglesia en la Cataluña de pretensiones independentistas tendría el riesgo de convertirse en mucho más que una ceremonia que exprese la libertad de la Iglesia. Y además sobre mártires de la denominada persecución religiosa durante la II República, ahí es nada.

Por lo demás, la economía de la Conferencia, que es parte de la economía de la Iglesia, y la situación de España, marcarán la agenda paralela. Y ahí cabe todo, desde el espinoso asunto de la clase de religión, que tiene en alerta y casi sublevados a los delegados de enseñanza de las diócesis españolas, a la situación política y económica más inmediata.

Habrá que encomendarse a san Juan de Ávila.

José Francisco Serrano Oceja[email protected]

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