Opinión

“Santa” Margarita Robles

Margarita Robles cerrando la morgue de Madrid.
photo_camera Margarita Robles cerrando la morgue de Madrid.

Pido disculpas por el humor del título –ya sabemos que la ironía no funciona en la radio-, pero el descubrimiento de algunos aspectos de la personalidad y del pensamiento de la Ministra de Defensa, Margarita Robles, dan mucho juego.

Es frecuente que cuando hemos tenido gobiernos socialistas, también del PP, se hayan buscado desaforadamente quiénes son los ministros que se confiesan católicos.

Tiempos hubo que no eran ni uno, ni dos, ni tres, sino varios. Otros, que menos. Algunos de misa diaria, incluso. Se suponía que esos ministros entenderían la naturaleza de la Iglesia y su aportación a la sociedad. Bueno, se suponía. Y no era obligatorio que se convirtieran en los interlocutores habituales con los obispos, aunque de todo hubo en la viña de La Moncloa.

Que conste que la entrevista al arzobispo castrense, monseñor Juan del Río, publicada en exclusiva por Marta Santín, me ha parecido una de las más significativas aportaciones desde la Iglesia a la hora de clarificar las relaciones con el Gobierno socialista. Bueno, con una parte de las muchas partes del Gobierno socialista y comunista y personalista.

Que el arzobispo castrense tenga buenas relaciones con la Ministra de Defensa me parece de cajón conociendo al arzobispo y su capacidad de empatizar. Su carisma. Estoy convencido de que el arzobispo castrense sería un magnífico interlocutor oficial con las instituciones públicas.

Que la ministra se confiese creyente, católica, es un dato de interés. Alumna del Colegio de las Teresianas de León, fue la que ofreció la imagen más humana durante la pandemia.

Por cierto dicen que la Ministra de Hacienda, María Jesús Montero, fue muchos años catequista. Que la ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribero, procede de una familia de fuerte raigambre católica. Isabel Celaá estudió en el colegio Sagrado Corazón de Bilbao, de las hijas de la Caridad. Y en La Salle de Bilbao, Fernando Grande Marlaska. Estadísticamente, por generación, quizá no podría ser de otra forma en esta España. No podemos decir lo mismo de Pablo Iglesias…

Parece ser que en los últimos tiempos hay un interés especial por insistir en que en el Gobierno hay la consigna de No beligerancia con la Iglesia. Está bien. Obras son amores y no buenas razones. Mejor así que no de otra forma.

Pero eso no significa que la confesión particular de fe de los ministros tenga que limitarse a eso, a una intimidad debida. Lo interesante sería que la fe de los ministros, como de los políticos, se expresara, en coherencia de fe y vida, de conciencia y actuación, en políticas públicas con una adecuada concepción de la persona, que sirvieran a una comprensión integral del bien común y que reconocieran que la Iglesia Católica es la misma cuando da de comer a los pobres y cuando dice que una ley de la eutanasia, o una que impone la ideología de género, no contribuyen al bien de la sociedad.

Quizá a los ministros católicos del Gobierno de Sánchez les guste la siguiente afirmación de san Óscar Romero: “Para ser buen político no se necesita ser cristiano, pero el cristiano metido en actividad política tiene obligación de confesar su fe. Y si en eso surgiera en este campo un conflicto entre la lealtad a su fe y la lealtad a la organización, el cristiano verdadero debe preferir su fe y demostrar que su lucha por la justicia es por la justicia del Reino de Dios, y no otra justicia”. 

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