Opinión

Un linterna que alumbra

Irene Pozo.
photo_camera Irene Pozo.

Quizá vaya a pasar inadvertido el comunicado de la Cadena COPE sobre el cambio en el Programa La linterna de la Iglesia. Un programa emblemático de la información socio-religiosa por historia, por su rol, por su idiosincrasia.

El texto de la Cadena dice: “La Linterna de la Iglesia, uno de los programas históricos de COPE se presenta en la próxima temporada con un formato renovado que combinará información, análisis e historias de la vida de la Iglesia, en España y en el mundo y con nueva presentadora, la periodista Irene Pozo, vinculada al proyecto de TRECE tv desde sus inicios”.

No voy a tirar de archivo, ni a elevar la anécdota, o algo más que la anécdota, a la categoría. Ya llegarán un día las memorias sin memoria, por eso de hacer un homenaje a L. Gomis.

Del comunicado oficial de la Cadena COPE me llama la atención lo referido al cambio de formato. Desde antes de los noventa, ese programa se sustentaba en el formato dialógico de la tertulia, por tanto en el género del comentario.

Los formatos, en la comunicación audiovisual, y los géneros periodísticos y radiofónicos, como unidades textuales de significados, son expresión de la identidad del mensaje, la forma en el contenido y el contenido como forma, vamos, el medio es el mensaje, que diría McLuhan.

Hace cinco años se produjo un cambio significativo, que no afectaba al formato. Y hasta aquí ha durado.

En los escasos estudios de teología de la comunicación, veamos por ejemplo los capítulos del libro de R. Latourelle sobre el Vaticano II, el P. Robert White, S.J., tomando el modelo del P. A. Dulles, S. J., insiste en que la forma pastoral de la comunicación del diálogo, la tertulia, es expresión de una manera de entender y de estar en la Iglesia. No voy a utilizar el concepto de modelos de Iglesia, para no confundir a los lectores.

Pues bien, en la Linterna, en este tiempo, en este momento, se pasa de una tertulia a un magazine. Hace mucho sostengo –por ahí está escrito- que lo que une en la Iglesia, lo que crea comunión, es la información, que se refiere a hechos. Y que lo que más produce desunión es la opinión, concepto éste por cierto en horas bajas en cuanto a su formulación técnica.

Claro que me dirán que en los hechos, como acciones humanas, hay intencionalidad. Y hay que comentar esa intencionalidad, que es la base de la opinión.  Es cierto, pero los criterios del comentario deben ser técnicos y no políticos, ni ideológicos.

Quizá el problema no sea el formato sino cómo se ha desarrollado el formato. Pero ese es otro asunto.

¿Qué formato facilita más la reforma del Papa Francisco? ¿Qué formato es expresión de la necesaria libertad en la Iglesia, de la conformación de una adecuada Opinión Pública, concepto éste que debiera estar más en boga? Pues ya veremos…

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