Diócesis

La verdad sobre el caso de la diócesis de Almería

A su titular, Adolfo González Montes, le han nombrado un obispo coadjutor, situación única hoy en la Iglesia española

Monseñor Adolfo González Montes.
photo_camera Monseñor Adolfo González Montes.

La diócesis de Almería, y la figura de su obispo titular, Adolfo González Montes, han estado y están en las noticias y comentarios que circulan en ámbitos eclesiásticos. A estas alturas, no hace falta copiar a Eduardo Mendoza para escribir “La verdad sobre el caso de la diócesis de Almería”. Bueno, no la verdad, ¿o sí? Una versión de la verdad o versiones contrastadas de la verdad.

Sin el aditamento de las gotas de sangre que suelen ambientar la novela negra, lo ocurrido en esa diócesis da para un largo relato. Una pequeña muestra de lo que no parece solo un caso aislado. En cierto sentido, podría estar ocurriendo algo parecido en algunas otras diócesis en España. 

Lo que diferencia a Almería es que, desde el pasado día 13 de marzo, esta diócesis es la única en España que tiene un obispo titular, Adolfo González Montes, y un obispo coadjutor, Antonio Gómez Cantero. Mucho se ha especulado sobre las causas que han motivado que el Papa realizara este inusual nombramiento.

Según fuentes romanas, cuando el papa Francisco tuvo que decidir sobre Almería, confesó que de ninguna forma quería maltratar al obispo titular, al que en diversa ocasiones ha manifestado aprecio.

Problemas económicos y pastorales

Se ha hablado con insistencia de problemas económicos en la diócesis. Hay quien ha añadido otros de carácter pastoral. Quizá los datos ayuden a clarificar el escenario.

La decisión de nombrar un obispo coadjutor a ocho meses de que el titular presente la preceptiva renuncia al papa, por cumplir los 75 años, constituye una anomalía que algunos han calificado de “humillación”. Es consecuencia de un largo proceso que se ha ido gestando con tiempo, con unos protagonistas no siempre aclarados.

La diócesis de Almería vivió martirialmente durante la persecución religiosa de principios del siglo XX. Su reconstrucción posterior comenzó con el pontificado de Enrique Delgado Gómez y, sobre todo, con el que ha marcado una historia que aún hoy se recuerda, el de Alfonso Ródenas García. Una diócesis con no excesivo clero, y que no se puede considerar entre las que tienen más recursos económicos ni patrimonio de Andalucía. Nada que ver con las cercanas de Granada o de Málaga.

La gestión en Ávila

Adolfo González Montes aterrizó en Almería con la fama precedente de Ávila por la compleja gestión que tuvo que afrontar en el caso de la Universidad Católica. Centro fundado por su predecesor, el hoy arzobispo de Valencia, cardenal Antonio Cañizares, y actualmente gestionado por las Cruzadas de Santa María.

No se puede decir que la personalidad de este obispo, al que algunos consideran uno de los mejores teólogos de la Conferencia Episcopal Española, pase inadvertida y de alguna forma prejuzgada. Aterrizaba en una diócesis marcada por el pontificado de Rosendo Álvarez Gastón, un obispo que había dedicado mucho tiempo de su ministerio a los sacerdotes.

El clero de Almería, mayoritariamente de corte tradicional, nunca ha sido numeroso. Como en otras diócesis andaluzas, había sido favorecido por una generación de sacerdotes del norte de España que bajaron a esas tierras en la reconstrucción eclesial posterior a la Guerra Civil. Rosendo Álvarez Gastón, por ejemplo, nació en Muez, Navarra, y ejerció su ministerio inicial en Huelva. 

Obispo reconstructor

González Montes llegó a la diócesis en el año 2002. Un momento crítico, en el que algunos de los lugares patrimoniales de referencia estaban afectados por el paso del tiempo y requerían medias urgentes de intervención. Es el caso, por ejemplo, de la Casa de Aguadulce, lugar de Ejercicios Espirituales y de reuniones eclesiales. Finca donde pasaban el verano, a pie de playa, algunas personalidades de la Iglesia. Emplazamiento que sufría un importante deterioro con amenaza de derribo.

A veinte minutos del centro de Almería, hoy es el lugar en el que el nuevo obispo coadjutor ha querido tener su residencia, al menos hasta que se produzca el relevo.

Este requerimiento inicial hizo que González Montes asumiera el rol de obispo reconstructor de la diócesis, en la senda quizá subconsciente del ya citado Ródenas García.

No es infrecuente que en las diócesis algunas decisiones del obispo generen cierto descontento y comience a crearse una oposición solapada. Un fenómeno ligado también a esa mentalidad, ahora agudizada por cierta praxis de nombramientos episcopales, de que el obispo es un ave de paso y que quienes permanecen son los que trabajan en los organismos diocesanos.

Un perfil lejos de estereotipos

La personalidad de Adolfo González Montes, que algunos califican de impositiva, su capacidad dialéctica, su sensibilidad por la doctrina y la ordenación litúrgica, hacen que no responda a un perfil de obispo que encaja fácilmente en estereotipos al uso. No es un obispo que cambie de criterio en función del último que le susurra al oído.

Sin ser canonista, se caracteriza por el aprecio a las normativas diocesanas. Por ejemplo, en la colección diocesana de Textos legislativos, con el número 15, encontramos la “Normativa en materia de asuntos económicos” (2020); el número 14 está dedicado a “Normas diocesanas sobre la constitución y acción eclesial de Hermandades y Cofradías” (2018); el 13 “Normativas sobre Archivos de la Iglesia”(2012)… Al fin y la cabo, la norma siempre ha tenido un función pedagógica. Atenerse a la ley común, para todos y conocida por todos, es mejor que vivir bajo la arbitrariedad del humor del momento. Todo esto crea descontento en determinados sectores pegados a una peculiar eclesiología postconciliar.

Ámbitos de resistencia

Como en todas las diócesis, un elemental análisis de la sociología del ejercicio del poder hace que aparezcan núcleos fácilmente convertibles en ámbitos de resistencia a los cambios.

Por ejemplo, en la curia diocesana juegan un papel fundamental los Vicarios generales, territoriales o pastorales. Son la larga mano del obispo, pero también se pueden acabar convirtiendo en lo contrario. Toda relación humana está basada en la confianza.  

Cuando González Montes llegó a Almería, el Vicario General era el entonces sacerdote Ginés García Beltrán, persona con indiscutible prestigio tanto para los obispos de la provincia eclesiástica como en los ámbitos mediáticos. Hoy es el flamante obispo de Getafe y hombre clave del episcopado español del futuro.

Estuvo en el cargo hasta el año 2005. El día 3 de diciembre de 2009, Benedicto XVI lo nombró obispo de Guadix, después de un tiempo también como párroco. A Ginés García Beltrán le sucedió como Vicario General Tomás Cano, en el cargo de 2005 a 2015. Desde entonces y hasta la actualidad, es Miguel Romera Domene.  

Una promoción que se no se produjo

En condiciones normales, González Montes estaría en ejercicio en esa diócesis veinte años. Pero, dadas sus calidades personales, circulaba las sospecha de que, pasado un tiempo, podía ser objeto de promoción a un arzobispado, a una sede metropolitana, o destinado a un cargo de la Curia. Máxime si se habían producido cambios en la Iglesia en España que favorecían su promoción.

Sin embargo, nada ocurriría tal como algunos habían previsto. El descontento creció, comenzaron las operaciones de descrédito generadas en torno al argumento de que se vivía un pontificado constructor y reconstructor –nuevas parroquias, restauración del Seminario, Catedral, curia, palacio episcopal-, sin límites en el gasto.

 Se añadía la crítica de que una formación demasiado clásica de los sacerdotes, excesivamente intelectual y conservadora, poco pastoral. Así, el salmantino González Montes no se movería de Almería.

También el obispo, que era responsable de la coordinación de la catequesis  en la Asamblea de obispos del Sur de España, se dedicó a poner orden en sectores como la catequesis. Ahí está el documento de esos obispos, “Renacidos del agua y del espíritu. Instrucción pastoral sobre la iniciación cristiana”, en gran medida factura suya.

Movimientos en la Nunciatura

El runrún comenzó a subir de nivel, con inestimables ayudas externas, y se iniciaron una serie de movimientos en la Nunciatura. Envío de acusaciones anónimas, nombres inventados que firmaban cartas a Congregaciones Romanas.

Algunas de esas campañas no afectaban al obispo directamente, iban dirigidas contra  el clero. Se calcula que hasta una treintena de sacerdotes fueron puestos en entredicho en instancias superiores por causas muy diversas.

Según la Guía de la Iglesia en España, publicada en la página web de la Conferencia Episcopal, Almería cuenta con 216 parroquias. Tiene 124 sacerdotes diocesanos, de los cuales, 66 con cargo diocesano, 8 fuera de la diócesis, 10 capellanes, 38 jubilados, 2 misioneros, están en activo. De estos, el actual obispo ha ordenado 51. Una decena han conseguido grados superiores en diversas universidades españolas y romanas.

Un dato significativo es que la diócesis ha invertido en Cáritas, según la citada web, en un año, 1.144. 908 euros.

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