Diócesis

Fue celebrado en Madrid

Carlos Osoro clausuró el II Foro Internacional de la Mujer

Las dimensiones físicas y espirituales de la maternidad fueron los ejes del debate

Carlos Osoro, Arzobispo de Madrid.
photo_cameraCarlos Osoro, Arzobispo de Madrid.

En el acto final, presidido por el arzobispo Carlos Osoro, se recordó que alumbrar un hijo es “un don y no un derecho” y que la mujer es custodia de lo humano.

“El cigoto es la única célula “totpotente” que configura todas las características del individuo de la especie humana, por tanto, del ser humano, avalado cien por cien por la ciencia”, afirmó Mónica López Barahona, profesora universitaria y al frente de la Cátedra Jerome Lejeune, en la intervención “Reencuentro con el valor de la maternidad”, que ocupó el espacio final –y más importante, según la organización- del II Foro Internacional de la Mujer, desarrollado desde el pasado viernes en El Escorial (Madrid).

Presidido por el arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, las exposiciones finales contaron con las intervenciones de Barahona y de Carmen Álvarez, profesora de la facultad de Teología de la Universidad de San Dámaso, de Madrid. Esta última, dio cuerpo a su ponencia, “Maternidad espiritual”, destacando que “la crisis actual de los matrimonios es debida a la pérdida del sentido teológico del cuerpo y de las diferencias sexuales entre hombre y mujer”.

Flanqueado por las mujeres que estaban en la mesa, Osoro alabó la realización del Foro y se sumó a lo dicho en algunas intervenciones de que “Jesucristo es el primer defensor de la mujer”. En su breve intervención, el arzobispo de Madrid, fundamentó esto porque “Jesús pasó de la lógica del poder a la lógica del amor”, recordando, entre otros, la curación del ciego de nacimiento y la multiplicación de los panes y de los peces “para dar de comer a 5.000 personas”. Esta “lógica del poder distorsiona también la figura de la mujer y del amor”, dijo, y pidió a los presentes –más de 150, en su mayoría mujeres- “que nos dejemos marcar por el hilo de la alegría, pero no una cualquiera, sino la que viene de Jesucristo”.  Se refirió al “olvidado” Julián Marías cuando el filósofo fallecido definió a la persona como “criatura amorosa, hecho a imagen y semejanza de Dios”.

Interrupción, no; finalización voluntaria del embarazo

La igualdad y diferencia de sexos son desde el momento de la concepción, como recordó anteriormente a la intervención de la teóloga Álvarez Barahona quien, desde la ciencia, afirmó que desde la concepción no “solo existe vida, sino vida humana, de un individuo diferente y distinto” a los padres que le han engendrado. Así, califica de “aberración” que haya leyes que determinen que la vida humana comience en semanas posteriores a este suceso. Arremetió contra el “eufemismo de la denominación de interrupción voluntaria del embarazo”, con el que se designa al aborto, pues no es otra que “la finalización voluntaria del embarazo”.

Destacó que cada “cinco minutos se produce un aborto en España (en cifras oficiales, más de 100.000 al año) y que las peticiones de adopción “se cubrirían con los 4.200 abortos que se practican en quince días”. Como experta bioquímica, aludió a “que no es digna del ser humano la manipulación a que se ve sometido el embrión en un placa de cultivo”. En este sentido, y ya en el plano personal, afirmó que tener un “hijo no es un derecho, sino es un don, que reclama de los esposos acoger y aceptar la voluntad de Dios”.

La mujer, custodia de lo humano

En alusión a la “Mulieris dignitatis”, de Juan Pablo II, que ha suscitado este II Foro Internacional de la Mujer, organizado por la Fraternidad de Agrupaciones Santo Tomás de Aquino, Carmen Álvarez subrayó, -en alusión a la fecundidad como don y no derecho- que “la fecundidad e infecundidad son distintos modos de servir a la vida y son llamadas de Dios a la vocación espiritual”. Su conclusión, tras una intervención de perfil teológico, fue “urgir a los esposos a una fecundidad espiritual que se proyecte en los planos eclesial y social” de los hijos propios o adoptados y a asumir –por parte de las mujeres- el mandato de san Juan Pablo II de “custodiar y enseñar lo humano a los varones. Y lo más humano es el amor”, aseveró.

Teresa de Ávila, Edith Stein y Catalina de Siena, modelos para hombres y mujeres

Anteriormente a las intervenciones descritas, se expusieron a primera hora de la mañana retazos de las vidas y obras de varias mujeres canonizadas, en el panel de “santas fascinantes y modelos a imitar”.

En este sentido, “insistir en el carácter profeminista de la vida y obra de Santa Teresa de Jesús implicaría naturalizar su carisma sobrenatural, traicionándolo para ser presentado como un carácter contestatario”, afirmó monseñor Alberto J. González Chaves. Por su parte, los argentinos Lisandro Scarabino y Ángela Varela di Lucia, abordaron las figuras de la judía conversa al catolicismo Edith Stein y la joven laica Catalina de Siena, respectivamente. Scarabino recalcó la continua búsqueda de la verdad de la primera, verdadero motor de una vida que concluyó en una cámara de gas nazi durante el exterminio judío del siglo pasado, mientras que Varela di Lucía recordó el influjo poderoso de Catalina de Siena en su tiempo, provocando a sus 27 años que el Papa volviera a Roma desde Avignon, y carteándose y realizando gestiones para tratar de apaciguar los conflictos y guerras que se daban en la convulsa Italia del siglo XIV.

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