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El sayal de penitencia del intelectual Manuel García Morente

El sacerdote Óscar Valado describe la amistad entre Manuel García Morente, que se convirtió a los 51 años, y José Ortega y Gasset

Óscar Valado Domínguez.
photo_cameraÓscar Valado Domínguez.

Perdonen los lectores que comience esta reseña con una experiencia personal. El 23 de noviembre del año 2000 publicaba una página en el Alfa y Omega de lo que decía Anson, sección habitual “Ver, oír y contarlo”, un artículo titulado “Ortega, sin El Hecho extraordinario”.

Comenzaba así el texto: “Con la venia de los reverendos Iriarte, Roig Gironella y Sánchez Villaseñor, con la anuencia de don Julián Marías y su Ortega y tres antípodas, seguiremos la senda, acompañados por Ibn-Batuta, en pos de los hombres de alma especular, de los santos de la Tierra, de los hombres veraces. Y, aunque sea con el solo Dios a la vista, acompañaremos en la memoria rediviva a don José Ortega y Gasset al cumplir setenta años de algunas de sus más queridas obras”.

Y concluía: “En resumen, que al maestro Ortega le faltó el Hecho extraordinario y una teología que tuviera a Dios más cerca de su vista. Leamos, pues, a García Morente para remediarlo”.

El texto provocó la llamada de don Julián Marías al obispo auxiliar de Madrid, monseñor Eugenio Romero Pose, con el que mantenía una frecuente relación, para quejarse del titular y para aclarar que no se trataba de eso y de que no se podían establecer esas comparaciones. Por cierto que creo no he comentado esta anécdota con don Enrique González, el último discípulo de don Julián Marías.

Biografía de Manuel García Morente

Con palabras del filósofo Maurice Blondel, “el hombre aspira a ser dios. El dilema es este: ser dios sin Dios y contra Dios o ser dios por Dios y con Dios”. Morente, nacido en 1886, tenía 15 años cuando dijo a su hermana mayor, que hacía las veces de madre desde la muerte de esta cuando él tenía 9 años, que no la acompañaba a Misa «porque ya no creo». A partir de entonces su mente estuvo impregnada del pensamiento de sus profesores: irracionalismo místico bergsoniano, kantiano, fenomenológico y vitalista-perspectivista de su amigo Ortega y Gasset hasta su conversión a los 51 años de edad.

Nos encontramos en esta biografía de Manuel García Morente, de subtítulo: “Una vida a la luz de la correspondencia inédita con José Ortega y Gasset”, con una aportación muy significativa. La publicación de las cartas que el filósofo, luego sacerdote, le escribiera a su amigo Ortega y Gasset.

Esta biografía está escrita por el sacerdote de la archidiócesis de Santiago de Compostela, y músico, Óscar Valado Domínguez. Se puede decir que es una biografía de García Morente que sintetiza las últimas aportaciones de los estudiosos de este personaje y que lo hace con rigor y capacidad estilística. 

La clave del libro

Pero la clave del texto está en la relación entre los dos pensadores, García Morente y Ortega y Gasset. Una relación que se vio interrumpida por la conversión de García Morente. Ahí tiene singular valor la última carta que le escribió y el silencio posterior del autor de la rebelión de las masas. Y la referencia tanto de lo que pensaba Morente a través de la correspondencia con Serapio Huice como de una cita clave en el libro, la que se reproduce lo que Ortega y Gasset le comentara al respecto de la conversión de Morente a Pedro Sáinz Rodríguez en el ABC el 26 de diciembre de 1985:

“Pregunté a Ortega cierto día en Lisboa: “¿Qué le parece la decisión de Morente?” Y me respondió a la gallega: “¿es que usted no sabía que fue siempre un epiléptico?”.

Dice nuestro autor que ese final de la relación produjo en Morente mucho sufrimiento. Y que, siguiendo la perspectiva de Julián Marías, Morente “abrazó el catolicismo con ánimo penitente”. Un sayal de penitencia que sigue siendo una incógnita para la historia. Pero que es significativo de una generación, de una época y de una relación.

Manuel García Morente

Óscar Valado Domínguez

San Esteban-Edibesa

Portada del libro.

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