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La eutanasia que viene

Pedro Sánchez advirtió que la primera ley que aprobaría en el parlamento sería sobre la eutanasia. Es muy importante tener argumentos bien aseados para afrontar el debate social sobre la muerte provocada

Manuel Martínez Selles.
photo_cameraManuel Martínez Selles.

Eutanasia. Un análisis a la luz de la ciencia y la antropología.

Manuel Martínez-Sellés

Rialp

A estas alturas de la situación política y social de España recordemos que Pedro Sánchez advirtió que, en el momento que presidiera un gobierno no en funciones, la primera ley que aprobaría en el parlamento sería sobre la eutanasia. Por tanto, y vistos los resultados electorales, la eutanasia viene hacia nosotros.

Es muy importante tener argumentos bien aseados para afrontar el debate social sobre la muerte provocada. De ahí que este libro del catedrático de Medicina y jefe de Cardiología del Gregorio Marañón, doctor Martínez-Sellés, sea muy oportuno.

Es cierto que la condición de médico del autor ofrece un sesgo técnico al libro, que no merma de su capacidad divulgativa. Quizá más que en el lenguaje nos encontramos el sesgo a la hora de abordar cierta causídica o de ofrecer ciertos contenidos.

Lo que no se puede negar es que los argumentos científicos están muy actualizados y esa perspectiva médica, incluso desde la experiencia profesional, es un valor añadido en un libro que aborda una cuestión nada fácil de afrontar en el debate público. Esta experiencia médica permite que el autor dedique un necesario espacio a definir conceptos y a distinguir entre las formas de intervención en el final de la vida.

La perspectiva predominantemente técnica no impide que se aborden de manera muy adecuada los aspectos antropológicos y sociales de la eutanasia. Hay que advertir que no pretende profundizar en argumentos teológicos.

El autor nos regala una radiografía inicial sobre la percepción social de la eutanasia, incluso a propósito de recientes películas, que pueden ser útiles para el gran público y para grupos que quieran abordar esta cuestión.

Parte nuestro el doctor Martínez-Sellés del supuesto de cuatro argumentos que utilizan los defensores de la eutanasia. A saber, “el respeto a la libertad individual: dejemos que cada uno haga lo que quiera; el derecho a elegir o rechazar un tratamiento médico: El paciente decide; la falta de calidad de vida que conllevan algunas enfermedades o situaciones: los sufrimientos son insoportables; y la intervención del médico es a menudo necesaria y siempre conveniente: es mejor que los hagan los profesionales”.

Y al final del libro, nos ofrece también cuatro motivos por los que la eutanasia le parece inaceptable: “Pendiente resbaladiza: comprobada ya en varios países que han despenalizado o legalizado la eutanasia; falta de autodeterminación real: en la mayoría de los casos, la expresión de un deseo de muerte no significa que el paciente lo desee realmente; reducción de los cuidados paliativos, de los medios destinados a ellos y de la investigación en tratamientos sintomáticos; deformación del sentido médico: los médicos que practican eutanasia destruyen la integridad moral de la profesión médica”.

Permítanme que espigue algunos datos del libro que pueden tener interés. En la Alemania nazi –período clave para entender el significado de la eutanasia- solo 350 médicos, de 90.000, se prestaron a las prácticas de eutanasia.

Hay que leer el artículo de Christopher de Bellaigue en The Guardian “Muerte bajo demanda, ¿la eutanasia ha ido demasiado lejos?” para darnos cuenta de que en Holanda los pacientes se sientes desprotegidos, los ancianos no quieren ir a los hospitales, y los minusválidos se sienten amenazados.

Afirma el doctor Martínez-Sellés que “sorprendentemente, la cusa más frecuente de la solicitud de eutanasia no es el dolor físico (frente al que, por otro lado, disponemos de medidas terapéuticas eficaces, incluso, como hemos visto, la posibilidad de recurrir a al sedación terminal), sino la vivencia de sufrimiento intenso, personal, además del generado en la familia; incluso la sensación de carga familiar y social que conlleva no encontrar sentido a la propia existencia”.

Por cierto que le libro deja muy clara cual es la aportación de los cuidados paliativos. Se entiende porqué los defensores de la eutanasia no quieran abordar esta cuestión.

Y, por último, el testimonio final de Memé Alsina, con un 99% de discapacidad y un 100% de ganas de vivir, es escalofriante.

Portada del libro. (1)

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