De Libros

La conversión de Mikel Azurmendi

Mikel Azurmendi se ha dejado interpelar por su objeto de estudio, ha reflexionado sobre lo que ha visto y oído, se ha puesto a estudiar el libro “La belleza desarmada” de Julián Carrón

Mikel Azurmendi
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Llevaba leídas más de doscientas páginas de este extraño y fascinante libro, cuando una pregunta no dejaba de martillear en la cabeza.

Bueno, Mikel Azurmendi, el Azurmendi “agnóstico y decaído”, licenciado en filosofía por la Sorbona de París, miembro de la primera ETA, la que no había apostado aún por la violencia, antropólogo, literato, profesor universitario, fundador de no sé cuántas revistas cultúrales, políglota, de los primeros del Foro de Ermua, de ¡Basta ya!, con más de una veintena de títulos a cada cual más interesante y enigmático, ¿se ha convertido al cristianismo?

Una pregunta que no deja aún de inquietarme. Porque, como confiesa ya al final de este libro, no solo ha escrito un estudio antropológico etnográfico de una singular tribu, los miembros de “Comunión y Liberación” en España.

Mikel Azurmendi se ha dejado interpelar por su objeto de estudio, ha reflexionado sobre lo que ha visto y oído, se ha puesto a estudiar el libro “La belleza desarmada” de Julián Carrón, ha asistido a las reuniones de la Fraternidad, les ha acompañado en los campamentos de verano, ha visitado los colegios de la experiencia educativa de Comunión y Liberación  en España, ha asistido a los EncuentroMadrid, se ha visto con Julián Carrón, ha comido con los y las Memores Domini, ha visitado las casas de acogida de los niños abandonados en el rellano de la historia, y se ha ido de marcha con los jóvenes por los Picos de Europa. Y ha escrito, ha escrito muchas páginas, más de trescientas, y estoy seguro que seguirá escribiendo sobre esta tribu y sus poblados.

Sobre todo, Mikel Azurmedi ha aprendido. ¿Qué es lo que ha aprendido? “a no detestar la palabra “Dios” (esquinándome con ello del canon sociológico) y fui aprendiendo también que gente que pronuncia la palabra “Jesús” para explicar la vida, la explica mucho más que los sociólogos actuales nos la explican con expresiones tales como “el retorno de la anti-estructura” o “regresión premoderna inducida por la crisis mundial y las incertidumbres, la dureza del presente y la angustia del futuro” o “comunidades emocionales que se van separando de la cultura” u otras de n calado conceptual así de borroso”.

También aprendió Azurmendi que “el hombre no está para andar solo sino para ir de la mano y que “libertad” tiene más que ver con “salir al encuentro del otro” que con “que nadie me impida”.

Los protagonistas de este libro son casi un centenar de nombres, personas reales, personas que solo tienen aquí un nombre pero que, les aseguro porque conozco a alguna de ellas, son algo más que un nombre.    

Por poner algunos ejemplos. Javier, el cura teólogo, es Javier Prades, rector de la Universidad Eclesiástica san Dámaso. Pero qué más da. Javier es para Mikel la puerta a una concepción de la razón, del uso de la razón, que le permite dar la mano a la fe, a la gracia y, sobre todo, mirar la realidad. Porque lo que es este libro de Azurmendi es una propuesta sobre cómo ver, cómo mirar, cómo estar en el mundo, y ser del mundo, sin atenerse a los dictados de lo que ahora se llama culturalmente correcto. Y Fernando es Fernando de Haro, y Guadalupe es su mujer…

La erudición. Confieso que no he leído mucho a Azurmendi. Bueno, una obra anterior suya sobre el “problema” vasco. Está claro que un hombre de extensa cultura, de muchas y muy variadas lecturas, no puede escribir sin citar a sus compañeros de camino. Por eso hay que destacar de este libro de Azurmendi su erudición bien traída. Su lectura de Wittgestein, de Weber, de Marx, de Nietszche, de Ricoeur, de Nigel Barley, entre otros muchos, que son prescriptores de nuestro tiempo. Lo que hace Azurmendi es ponerles en diálogo con los habitantes de esta singular tribu, ponerles enfrente de experiencias, -al fin y al cabo la clave es la experiencia de Jesús-, que deslegitiman no pocas de sus afirmaciones.

Me quedo con un párrafo de la introducción, que supongo es lo último que ha escrito: “La cultura de Comunión y Liberación no me parece como adversaria del sistema democrático, pero tampoco como una permutación posible ni variación alguna de matriz cultura democrático-liberal pues no es una cultura jurídico-política. La cultura de esta fraternidad no es ideológica y no pretende conferirle a la democracia liberal completitud alguna (…) Su misión es salir al encuentro de los hombres, mujeres y niños, sin darle la espalda a nadie en la sociedad que ellos vivan”.

Por cierto, no sé si Mikel Azurmendi se ha convertido en sentido religioso. Sí tengo claro que lo ha hecho en sentido filosófico, como las conversiones de las que nos hablaba Pierre Hadot.

Como decía don Giussani, y alguien repite por esas páginas: “A la gente no le mueve un discurso, sino el impacto que produce una presencia”. Claro, Azurmendi se ha dejado interpelar por tantas presencias, reales. Se lo aseguro. 

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El abrazo. Hacia una cultura del encuentro         

Mikel Azurmendi

Almuzara

El abrazo.

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