De Libros

Cartografía de nuestro tiempo cultural

Ignacio García de Leániz, profesor de la Universidad de Alcalá, realiza un homenaje a la obra literaria de Eliot: “La tierra baldía”

Ignacio García de Leániz Caprile.
photo_camera Ignacio García de Leániz Caprile.

Aunque nuestra sociedad material sea la sociedad de la abundancia, del consumo, de la producción, vivimos en tiempos de penuria. Somos capaces de crear bienes a tutiplén, destinados a la satisfacción, que no hay que confundir con el deseo, y hemos abandonado el criterio del bien. Proliferación de bienes y olvido de la naturaleza del bien. Pura contradicción.

Por eso es importante la literatura mayor que nos alerta sobre esta especie de destino terminal de Occidente, de nuestra civilización. No se trata de un discurso de quejas y de lamentos, sino de ser conscientes de qué hemos perdido para saber lo que tenemos que conseguir, incluso recuperar.

Homenaje a una obra literaria 

En esta clave, Ignacio García de Leániz Caprile, profesor de Económicas de la Universidad de Alcalá, consultor y colaborador habitual de “El Mundo”, nos ofrece un interesante estudio de uno de los poemas “metafísicos” más importantes de nuestro tiempos: “La tierra baldía”, de T. S. Eliot, el gran avisador de todas las penurias en las que estamos instalados.

Un homenaje a una obra literaria, “poema-candil”, que ahora cumple cien años, inspirador por cierto de otras obras relevantes de nuestro tiempo como la película Apocalypse Now (1979) de Francisc F. Coppola.

Perspectiva cultural 

Lo hace no solo desde el punto de vista filológico, sino desde la perspectiva cultural. Su lectura de “La tierra baldía” es una delicia de erudición, de certera mirada sobre el significado del profetismo que Eliot va desgranando en sus versos. Unos versos que son a la vez símbolo de una conciencia estremecida por un presente y un futuro que vive en el desarraigo. Particularmente oportuno para los tiempos de la IV Revolución industrial, pandémicos, de confrontaciones antropológicas y perplejidades tecnológicas.

Esta lectura compartida se hace también teniendo en cuenta el contexto tanto de la obra general de Eliot, en particular permítaseme destacar “La idea de una sociedad cristiana”, como de los autores contemporáneos o no que han tenido similares preocupaciones.

En este sentido conviene traer a colación el siguiente párrafo de Eliot en la citada obra: “Todo nuestro pensamiento adquiere significado por los antecedentes cristianos. Un europeo puede no creer en la verdad de la fe cristiana pero todo lo que dice, crea y hace, surge de su herencia cultural cristiana y sólo adquiere significado en relación con esa herencia. Sólo una cultura cristiana ha podido producir un Voltaire o un Nietzsche. No creo que la cultura europea sobreviviera a la desaparición completa de la fe cristiana. Y estoy convencido de ello, no sólo como cristiano, sino como estudioso de la realidad social. Si el cristianismo desaparece, toda nuestra cultura desaparecerá con él”.

Cinco grandes temas 

Cinco grandes temas centran la glosa o exégesis del poema de Eliot: la cuestión del desarraigo en nuestra realidad urbana; el extravío entre nosotros de la memoria y de la cultura del recuerdo; la pérdida del sentido del ser en la revolución moderna; el daño ecológico y la violencia contra la naturaleza propios de la modernidad; y el desafío de la gracia, la redención y Dios en su relación con el hombre y la mujer contemporáneos.  

Aquí se percibe la línea de continuidad entre desencantamiento del mundo-deshumanización-desdivinización. Este libro nos habla de un legado olvidado, perdido y también de la esperanza asida a esa revelación de la que escribió Eliot:

“Considero que la revelación cristiana es la única revelación completa; y que la plenitud de dicha revelación reside en el hecho esencial de la Encarnación, en relación con la cual toda revelación cristiana debe ser entendida. La división entre aquellos que la aceptan y aquellos que la niegan, la considero la división más profunda entre los seres humanos”.

Un montón de imágenes rotas

Ignacio García de Leániz Caprile

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Un montón de iámgenes rotas.

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