De Libros

El asombro como camino de oración y vida

“Hojas de Otoño” del sacerdote y periodista Miguel de Santiago es un trabajo de cuidada prosa poética sobre la oración y la belleza de Dios

Miguel de Santiago.
photo_camera Miguel de Santiago.

En la colección “Manuales de oración”, de la editorial PPC, se ha publicado recientemente esta joya de prosa poética de Miguel de Santiago, sacerdote y periodista, hombre de largas trayectorias en la Iglesia de nuestros días. Natural de Palencia –un dato que imprime carácter-, su aterrizaje en Madrid para trabajar en el diario “Pueblo” le abrió una serie de horizontes sacerdotales y culturales en los que siempre ha actuado a ciencia y con conciencia.

De Miguel de Santiago hay que destacar su laureada obra poética. A su primera trilogía –“Catálogo de insomnios”, “Parábolas del sueño” y “Vigilia”- le siguieron los poemarios “Recordatorios”, “Variaciones sobre una partitura de Vivaldi” y “La siega”. Además de varios estudios en profundidad sobre su obra poética, en esta colección apareció en 2019 “Contemplar para orar con la naturaleza”, del que el libro de ahora, en cierto sentido, es continuidad.

Prosa poética 

Tengo que confesar que estamos ante un trabajo de cuidada prosa poética, casi diría esculpida prosa poética. No es éste el lugar adecuado para reflexionar sobre esta forma expresiva que utilizaron algunos grandes como Juan Ramón Jiménez, Rosales, Aleixandre, Cernuda y, si me apuran, Umbral.  

A cada reflexión o poema en prosa, es decir, escritura con ritmo poético cargada de imágenes mentales, experiencias, sentido, le acompaña una bonita imagen que incluye un texto de la Sagrada Escritura que añade un contraste, que viene a ser una forma de completar el mensaje que se quiere transmitir.

Miguel de Santiago tiene una especial sensibilidad para ver, para mirar, para escudriñar la vida, la naturaleza, lo que caracteriza a lo humano. Se podría decir que lo hace en la clave de la alabanza, de acción de gracias a Dios, creador y redentor.

La gramática de Dios 

Por eso lo que le rodea, el tiempo y el espacio, le interpelan. Y en esa interpelación, que es capaz de provocar la sorpresa que late en el agradecimiento, mora la trascendencia, la presencia de lo que la fenomenología de la religión llama el Otro y nosotros vamos a denominar Dios, el Dios amor.

La gramática de Dios es una gramática de la belleza. Y como de oración estamos hablando, para usar sus palabras, de contemplación, lo que se impone es la relación, la amistad entre quienes son protagonistas del sentido de la existencia, el yo y el Tú, Dios y la criatura.

Por eso nuestro autor, que se aleja de toda tentación de fácil emotivismo traducido en recursos de impacto, o de generación de sensaciones placenteras, no esconde la realidad de la vida, las edades del hombre, los tránsitos, las traiciones, las desesperanzas. Realismo poético, si fuera posible esta forma de decir cuando de ejercicio de lo sublime se trata.

Fe y cultura 

Tengo que confesar que a mí, personalmente, de lo que escribe Miguel de Santiago me gusta más lo explícito teológico. Me llena más lo que entraría en el orden de la Revelación de Dios, en el orden de la tensión hacia su Palabra. Entiendo que exista, en el ámbito de las relaciones entre fe y cultura, un amplio espacio de encuentro, que es propedéutico, que pretenda conectar con el lector que anda en búsqueda.

No creo que, como tal, la propuesta de ese Dios que es locución permanente, que nos ha dejado su Palabra, que quiere que agudicemos el oído para la escucha, sea incompatible con el deseo de lo que da sentido y satisface la plenitud que habita en el corazón de las personas.

Y así, aunque lo que ahora está escrito sea testimonio y testamento del otoño de la vida, de lo que se trata es de una primavera permanente como fruto de esa contemplación que es siempre un tratar de amistad con quien sabemos nos ama.

Hojas de Otoño

Miguel de Santiago

PPC

Hojas de Otoño.
Hojas de Otoño.

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