Opinión

Miles de bautismos en la Pascua de Resurrección

No he conseguido información sobre España, pero en mis lecturas de prensa internacional he encontrado datos de entidad sobre el número de bautismos en la Pascua –de acuerdo con una tradición milenaria- en países como Francia o China. Ambos son interesantes: el primero, como manifestación de religiosidad creciente en un Estado confesionalmente laico; el segundo, por su periódica belicosidad contra las creencias cristianas.

Los datos franceses -centralizados, como corresponde a la mentalidad gala- suponen un avance respecto de años precedentes. Más de una vez lo he comentado. Incluye conversiones de musulmanes a la fe católica, más numerosas que la inversa, aunque se hable menos en los medios de comunicación. La Conferencia episcopal tiene un servicio especial dedicado a catequesis y el catecumenado, que publica los datos con detalle, aunque lamenta la falta de información por parte de alguna diócesis, que lógicamente no menciona.

El balance es francamente positivo: en la noche de la vigilia pascual y en las misas del domingo de Resurrección recibieron los sacramentos de iniciación cristiana (bautismo, confirmación, Eucaristía) 5282 jóvenes y adultos. La información distingue con exactitud: 4124 adultos en Francia metropolitana y en los departamentos y colectividades de ultramar (3982 catecúmenos metropolitanos y al menos 150 en el extranjero). Supone un aumento de casi 40% con respecto al comienzo de la década en 2010.

De estos adultos, más de la mitad, el 57%, tienen de 20 a 35 años. Hay un porcentaje del 16% que son estudiantes, y se preparan en las capellanías de universidades y colegios. A todos estos se unen los 1158 adolescentes y jóvenes (12 a 18) que también serán bautizados en Pascua, y se confirmarán y recibirán la primera comunión durante el tiempo pascual.

Más importantes aún parecen las noticias de China, donde a pesar de la represión, estos días miles de personas han formalizado sacramentalmente su conversión al cristianismo. Se estima que en la Vigilia de Pascua abrazaron la fe en Cristo unas veinte mil personas. Esa información es coherente con el cálculo del Study Center of Faith en 2012: 22.104 bautismos en una noche de Pascua. Además, otros bautismos se celebran en Navidad, Pentecostés y la Asunción. Se llega a un promedio anual de cien mil cristianos más.

Estos datos se refieren solo al catolicismo. Son aún más numerosas las conversiones en comunidades protestantes. Las cifras arrojan luz sobre el futuro del cristianismo en Asia y el mundo. Confirman la tesis de que China continental está destinada a convertirse, numéricamente, en la primera nación cristiana del mundo.

En esa línea se sitúan las investigaciones del sociólogo estadounidense Rodney Stark, autoridad mundial en este campo. No se sostiene la información oficial de Pekín, que sólo considera a los fieles de la llamada iglesia patriótica: 16 millones, prácticamente nada en la inmensa población china. Para Stark, con datos muy contrastados, vivirían hoy en China más de 70 millones de cristianos.

De otra parte, resulta significativo comprobar que las conversiones no proceden –como en otros países de Asia y del tercer mundo‑ de las clases sociales más pobres. Se acercan a Cristo personas con estudios, profesionales diversos, profesores universitarios, gentes de la cultura y la comunicación: en definitiva, ciudadanos que, aun siendo minoría, forman parte de la élite de la nación, con todas las previsibles consecuencias en la evolución del actual sistema.

Como escuché en 1974 al entonces cardenal Wojtyla respecto de Polonia, el marxismo no tiene respuesta válida para las grandes preguntas humanas sobre el sentido de la vida y de la muerte, del dolor y la felicidad. El materialismo doctrinal y práctico que pervive en China, a pesar de las reformas económicas, no satisface en modo alguno a personas con capacidad crítica y de análisis. Es la razón, según diversos expertos, de la aproximación de las élites a la doctrina cristiana: buscan valores profundos, que reflejan al cabo la sed de Dios.

Rodney Stark señala también un motivo cultural en esa búsqueda que culmina en Cristo: la sensación de que aporta respuestas para comprender el mundo moderno, a diferencia de lo que ocurriría con religiones orientales como el taoísmo, el confucianismo o el budismo: en el fondo no tienen una visión de futuro sustentadora de esperanza, porque estarían demasiado apegados a la nostalgia del pasado. Por paradoja, la modernización y la industrialización de China no ha consolidado el ateísmo de Estado, sino que ha suscitado inquietudes que llevan en la práctica hacia el cristianismo.

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