Opinión

Laicidad y laicismo ante lo políticamente impuesto

François Hollande fue recibido en audiencia por el papa Francisco el pasado viernes, durante más de media hora. El presidente francés conversó después más detenidamente con el secretario de Estado vaticano. En el núcleo de las entrevistas, estuvieron cuestiones internacionales y, según la información del diario La Croix, Hollande habría expuesto al papa su concepción de la laicidad, muy distinta, sin duda, de la de Nicolas Sarkozy.

            Es bien conocida la posición de la Jerarquía católica sobre la política familiar del actual gobierno francés. Junto con las autoridades de las demás confesiones importantes del país vecino, mostró su desacuerdo con la reforma del Código de Napoleón en materia de matrimonio y parentalidad; o con la actualización de la ley Veil, que introduce, en nombre de la paridad entre varón y mujer, la configuración del aborto como derecho. Y, aunque Hollande se ha comprometido a consultarles, muy probablemente se producirá un nuevo distanciamiento si se decide a llevar al parlamento la reforma de la ley Leonetti sobre el fin de la vida.

            Hay temas de fuerte carga ética en que pueden producirse consensos, como la defensa de la dignidad humana, la crítica de los excesos de la globalización y la economía de mercado ante la necesidad del desarrollo, la lucha contra la trata de seres humanos, la atención de los refugiados o la protección del medio ambiente. Por supuesto, Francia es de los países más implicados en la defensa de las minorías cristianas en Oriente, de acuerdo con una larga tradición en parte ligada al pasado colonial: solía ser distinta la actitud política ante la religión en la metrópoli y en los territorios de ultramar. Hoy, en Francia, aparte de las notorias diferencias en temas bioéticos, no faltan otras en asuntos relativos al respeto de las diversas comunidades religiosas, o la protección de espacios sagrados (lugares de culto, cementerios).

            Hablar de laicidad resultaría algo muy francés, si no fuera porque la tendencia al laicismo aparece cada vez más en diversos países desarrollados y, de modo particular, en Estados Unidos. Hasta no hace mucho, daba la impresión de que el nítido criterio constitucional de separación entre religión y Estado, había facilitado la comprensión positiva y tolerante de las diversas creencias.

            El problema se agudiza por el intervencionismo de las autoridades civiles en esferas con un contenido más ético y social que estrictamente religioso. Pero afectan a las conciencias y, por tanto, la jerarquía católica no deja de recordar viejos y nuevos criterios teológicos y evangélicos. Se produce entonces una inevitable confrontación, no ya con los gobernantes, sino, sobre todo, con los grupos de presión que tratan de imponer sus criterios minoritarios en leyes y acciones de gobierno.

            Allí ha tenido mucho impacto el caso de Phil Robertson, un cazador protagonista de uno de los reality show más populares en la historia de la televisión estadounidense: Duck Dynasty. En sus intervenciones utiliza un lenguaje desenfadado, por usar una expresión delicada. Hace poco, en declaraciones a la revista masculina GQ, se presentó como cristiano "fanático de la Biblia”, que considera “pecaminoso” el comportamiento homosexual y, en general, las promiscuidades. Las asociaciones LGBT reaccionaron en términos fuertes y amenazadores, hasta el punto de que productores y patrocinadores de la serie apartaron a Robertson: debía arrepentirse y pedir perdón.

            Phil se negó en rotundo. Y los hechos le dieron la razón: bajó en poco tiempo el rating de la cadena un 13% (un 22 entre las personas mayores de 25 años). Tres grupos de apoyo en Facebook alcanzaron en días los cinco millones de miembros. Algo semejante sucedió en Twitter, especialmente, cuando intentaron bloquear los twits favorables al cazador. Al fin, la cadena de alimentación que había retirado productos con la imagen de Robertson, tuvo que volver a ponerlos a la venta, y disculparse ante sus clientes por haberles ofendido. Pero él no se contentó: exigió disculpas a las empresas, así como a las asociaciones LGBT, por haber violado su libertad religiosa.

            Ante la intolerancia de los fundamentalismos laicistas, se impone exigir respeto para las convicciones personales: en todo momento, sin dejar los mensajes de diálogo y moderación cuando se acercan elecciones, como es el caso de Francia, con próximas municipales, además de las europeas. François Hollande aseguró en Roma que “Francia defiende la libertad religiosa en todas partes”. Pero está por ver que “en la tierra de la libertad de conciencia”, se actúe contra los actos antirreligiosos con determinación, sin distinción de religiones, como afirmó el presidente.

Salvador Bernal


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