Opinión

La verdadera oración y las llagas de Cristo

El 11 de mayo, víspera de la Ascensión, en la residencia Santa Marta, el Papa Francisco, invitó, con su característico estilo directo, a hacer una oración verdadera que nos ayude salir de nosotros mismos. Y para ello, recordar las llagas de Jesús en el cielo, como sacerdote, y en la tierra reconocerlas en los hermanos necesitados, enfermos, ignorantes, pobres o explotados.

Jesús resucitado conserva las llagas de su crucifixión, como credenciales de su intercesión por nosotros ante el Padre, para animarnos a rezar en su nombre:

"Él reza por nosotros ante el Padre. A mí siempre me gustó esto. Jesús, en su resurrección, tuvo un cuerpo bellísimo: las llagas de la flagelación, las espinas, desaparecieron todas. Los moretones de los golpes desaparecieron. Pero él quiso tener siempre los estigmas, y los estigmas son precisamente su oración de intercesión al Padre: '¡Mira... este te pide en mi nombre, mira!' Esta es la novedad que Jesús nos dice: tener confianza en su pasión, tener confianza en su victoria sobre la muerte, tener confianza en sus estigmas. Él es el sacerdote y este es el sacrificio: sus heridas. Y esto nos da confianza, nos da valentía de rezar".

Jesús, al irse al Padre es nuestra puerta hacia Dios: "No porque se la haya olvidado abierta, sino para que entremos en ella". Muchas veces nos aburrimos en la oración, porque no descubrimos que rezar no es tanto pedir una cosa u otra, sino asociarnos a la intercesión de Jesús ante el Padre: "La verdadera oración es salir de uno mismo hacia el Padre en nombre de Jesús, es un éxodo de nosotros mismos".

Y siguió explicando: "Si no logramos salir de nosotros mismos hacia el necesitado, hacia el enfermo, el ignorante, el pobre, el explotado, si nosotros no logramos concretar esta salida de nosotros mismo hacia esas heridas, no aprenderemos jamás la libertad que nos lleva a la otra salida de nosotros mismos, hacia las llagas de Jesús. Existen dos salidas de nosotros mismos: una hacia las llagas de Jesús y la otra hacia las llagas de nuestros hermanos. Y este es el camino que Jesús quiere de nuestra oración".

"Que el Señor -concluye el Papa- nos dé esta libertad de entrar en el santuario en donde Él es sacerdote e intercede por nosotros, y lo que le pidamos al Padre en su nombre nos lo dará. Pero que nos dé también el coraje de ir en ese otro santuario que son las llagas de nuestros hermanos y hermanas necesitadas, que sufren, que llevan la cruz y que aún no han vencido, como ha vencido Jesús".

Estamos ante una predicación viva, impregnada de buena teología: sensible, directa y, a la vez, profunda. Una predicación que está llegando a mucha gente y removiendo corazones dormidos. Así es el estilo del Papa Francisco, que desea poner por delante la caridad y la claridad.

En efecto, la Ascensión del Señor inaugura esta nueva situación en la que nuestra Cabeza está ya en el cielo. San Agustín afirma que Jesús ha sido elevado a lo más alto de los cielos: "Sin embargo, continúa sufriendo en la tierra a través de las fatigas que experimentan sus miembros". Y por tanto, los cristianos hemos de trabajar aquí por la fe, la esperanza y el amor que nos unen a Él, y así estaremos a la vez con Él en los cielos (cf. Sermón sobre la Ascensión del Señor, 1-2; PLS 2, 494-495).

Ramiro Pellitero, Universidad de Navarraiglesiaynuevaevangelizacion.blogspot.com.es

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