Opinión

¿Impide la Sharia la evolución del mundo islámico?

Una de las pretensiones del islamismo radical es implementar la Sharia o Ley islámica en aquellos países donde fue abolida o donde se aplica mal. Alepo y la franja de Gaza son las dos últimas candidatas designadas para reinstaurar su aplicación. En los países en los que impera, impacta la crueldad de las penas por delito, como las ejecuciones, las lapidaciones y los azotes en Arabia Saudí y Sudán. R. Brague, profesor de filosofía árabe medievalen París y Múnich y premio Ratzinger 2012 de teología, sostiene que el islam es una nomocracia (el gobierno de una ley) en la que ,a partir de la dinastía omeya (661), lo político y lo religioso se separaron. El califa ostentó el poder ejecutivo mientras que el religioso lo ostentó la Sharia. Si esta separación fue tan temprana ,¿por qué no ha llevado al islam por caminos similares a los de Occidente y sigue siendo, según la definición clásica musulmana, dinwa-dawla, religión y Estado? Probablemente, porque lo único que esta separación logró fue una tensión entre lo religioso y lo político, que todavía zarandea hoy al islam, al ser una división mal delimitada en la que lo religioso invade el campo de acción de lo político.

La Sharia es un código de origen divino que emana de la interpretación del Corán y los hadices. Es un conjunto de normas explícitas o implícitas, escritas o no, que regula la relación externa del hombre con Dios, ignorando su conciencia interior, y la relación con los otros hombres. El bien y el mal no existen objetivamente, como en la Ley natural, sino que la Sharia establece lo que es lícito (halal) ylo ilícito (haram). Todo acto virtuoso es un acto de obediencia mientras que el mal en todas sus formas es desobediencia de la Ley. El objeto final de esta obediencia es Dios y el modo de obedecerle cumplir la Ley. Su praxis detallada fue elaborada por los doctores del Derecho y recogida por materias jurídicas en diferentes códigos, por lo que tiene un fuerte carácter jurisprudencial. No incluye sólo desarrollos propios de lo religioso sino que también incluye otros propios del Derecho civil y el penal, como la herencia o los castigos por robo y adulterio. Generó una doctrina ética que abarca la totalidad del Derecho, el casuístico (dicta sanciones concretas según el daño cometido) y el apodíctico (los principios de orientación del Derecho y de todo el orden social).

La Torá judía de origen divino de la Biblia también reunía ambos derechos. Como afirma Benedicto XVI en Jesús de Nazaret, Jesús le dio su forma y su cumplimiento más radical es cuando propuso la ética más sublime del sermón de la montaña. Ya no se trata sólo de la igualdad del ojo por ojo sino de dejarse pegar sin devolver el golpe. Sin formular un ordenamiento jurídico social, da los criterios fundamentales que dinamizarán los ordenamientos al arrancarlos del ámbito divino y trasladar su responsabilidad a la razón que actúa en la Historia. El cristianismo reformulará constantemente los ordenamientos sociales y, ante nuevas situaciones, corregirá lo propuesto anteriormente.

En el islam, el Único Legislador también legisla lo casuístico y la ley positiva es divina no pudiendo ser una invención humana. Es una nomocracia que excluye toda posibilidad de asociar al Legislador con la razón. Ésta no fundamenta la Ley: únicamente reconoce su naturaleza revelada y la interpreta sin cuestionarla. Como la interpretación quedó cerrada en el siglo IX, la Sharia es incapaz de replantear sus ordenamientos y para adecuarse al presente actúa por imitación de casos pasados. Mahoma ni arrancó la casuística del ámbito divino ni presentó una ética más sublime, simplemente presentó un programa político regido por una Ley divina que ordena y cohesiona la sociedad. Según la genial definición de R. Brague, los cristianos tradujeron el hecho cristiano a algunas instituciones sociales porque creyeron en Cristo mismo, y no en el cristianismo. De lo contrario, habrían sido «cristianistas» y no cristianos a semejanza de los que creen en el islamismo que son islamistas. La separación de lo religioso y lo político se presenta inviable para el islam en un mundo islámico donde los creyentes en Cristo se convirtieron a la nueva religión y quedaron sepultados bajo ésta y en un mundo no islámico donde muchos han apostatado de su fe en Él.

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