Opinión

Virus corporales y virus espirituales

Coronavirus.
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«Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano» (Jn 11, 20). El reproche de Marta al Señor, que leemos en el Evangelio del último domingo, nos interpela especialmente en esta época de pandemia de Coronavirus. Sabemos que Jesús puede acabar con este maldito virus con un solo movimiento de su voluntad. Si Él quisiera, mañana mismo desaparecería el Covid-19 de la faz de la tierra y todos los enfermos volverían a la salud, sin siquiera esperar el tiempo establecido para la recuperación, igual que curó instantáneamente a la suegra de San Pedro, que no necesitó de periodo de convalecencia antes de volver a su vida normal.

Llama la atención que el milagro de Betania sea, por así decirlo, muy teatral. Primero tarda en decidir el viaje, cuando llega espera que se reúna a su alrededor la muchedumbre que estaba consolando a las dos hermanas, manda que abran la sepultura, y después da órdenes en voz alta para que todos lo escuchen.

Tampoco necesitaba Jesús ir a Betania a resucitar a Lázaro. Podría haberlo curado a distancia: no tenía necesidad de viajar. Ni siquiera era obstáculo que Lázaro ya estuviera muerto: su poder omnipotente no está limitado por el espacio ni por el tiempo. ¿Por qué quiso el Señor que su milagro fuera un espectáculo?

Pienso que es el Señor mismo el que responde a esta pregunta, en la invocación que hace al Padre Eterno, cuando anuncia el milagro que va a hacer: «yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado» (Jn 11, 42). Quiso hacer que su milagro fuera una escena pública para excitar la fe de los que estaban presentes, e indirectamente también de todos los cristianos que lo leemos en el Evangelio.

Hoy todos pedimos a Dios que nos libere de este virus y es mucha la oración que sube al cielo. ¿No estará tardando Dios por la gente que estamos rodeando al Señor? La resurrección de Lázaro sirvió para que todos vieran el poder de Jesús. ¿No es cierto que necesitamos ahora de un milagro como el de entonces?

Y no nos olvidemos que más grave que el virus que nos atenaza, es el olvido de Dios que parece que se ha introducido en la sociedad actual de un modo más insidioso que el Coronavirus. Esta sí que es una enfermedad que nos destruye y nos amenaza de una muerte mucho más grave que la del cuerpo.

También en esto debemos recordar el milagro de Betania. Dios puede resucitar esta sociedad como hizo con Lázaro hace dos mil años. ¿Nos parece imposible? ¿No será más bien que tenemos poca fe?

Como dijo el Papa hace unos días en su oración a Cristo: «nos llamas a tomar este tiempo de prueba como un momento de elección. No es el momento de tu juicio, sino de nuestro juicio: el tiempo para elegir entre lo que cuenta verdaderamente y lo que pasa, para separar lo que es necesario de lo que no lo es. Es el tiempo de restablecer el rumbo de la vida hacia ti, Señor, y hacia los demás» (Francisco, momento extraordinario de oración en tiempos de epidemia, 27 de marzo de 2020). Que nuestra Madre, Salus populi romani, nos ayude a curarnos de nuestras enfermedades, espirituales y corporales.

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