Opinión

Lolo, a la santidad por el periodismo

Beato Lolo a la derecha.
photo_camera Beato Lolo a la derecha.

A los periodistas nos suelen poner a caldo. Llevo una vida oyendo frases estereotipadas del tipo “mienten más que hablan”. Y yo, la verdad, es que siempre he estado un poco cansada de que nos critiquen tanto porque he tenido la fortuna de conocer a cientos de periodistas en mis años de profesión y he de decir que la inmensa mayoría cumple el requisito básico: ser buena persona. Lo explico a mis alumnos en cada oportunidad.

Un periodista que no fuera buena persona, no duraría mucho en el mercado: bastan un puñado de mentiras para que perdamos la credibilidad en él. Y hoy, con las redes sociales a todo trapo, la mentira dura poco. Cierto es, no lo discuto, que hay algunos reyes del entretenimiento televisivo que podrían hacer una revisión a fondo de su fundamentación ética, pero son solo un puñado. La inmensa mayoría de esta imprescindible profesión está compuesta por buenas personas que siente su labor como un deber al conjunto de la sociedad: conocer la realidad y transmitir la verdad para que la sociedad pueda comprender el mundo en el que vive.

Por eso me fascinó la vida de Lolo, el Beato Manuel Lozano Garrido cuyo ‘dies natalis’ celebramos el 3 de noviembre, tan pronto como la conocí. Porque me dije a mí misma que la carrera periodística de Lolo demostraba a pies juntillas que se puede ser periodista y santo a la vez. Y cuando me empapé de la vida de este personaje, casi contemporáneo nuestro, (1920-1971), un tipo divertido, interesado por el mundo, volcado con la sociedad que le rodeaba, descubrí, no solo que se puede ser periodista además de santo, sino que además se puede ser santo porque se es periodista.

Lo de Lolo son palabras mayores porque es la muestra perfecta de cómo cada minuto de la vida cotidiana se puede ofrecer a Dios. Y de la misma manera que Santa Teresita viajó con su oración por todo el mundo sin salir de Lisieux, Lolo tocó miles de corazones con su palabra sin salir de su habitación, sentado siempre en su sillón de ruedas. Pero eso es lo que tiene la palabra: que vuela con mucha facilidad sostenida sobre los más de 700 artículos de prensa que publicó Lolo en 24 medios distintos, con todos los géneros periodísticos habituales de la época, con las más diversas temáticas y para los más diversos públicos.

Lolo fue un grande en el periodismo de los años 50 y su alegría desbordante, su profesionalidad, su particular mirada sobre el mundo, convirtieron la mesa camilla de su casa en una verdadera mesa de redacción en la que se fraguaron importantes artículos y se regaron las amistades con los más reputados profesionales del momento.

Hoy, recordar a Lolo es recordar al buen periodista, al profesional comprometido con la verdad, al reportero que sabía el bien que hace la palabra, al director comprometido con el resto de las cabeceras de la época, a la persona abnegada que, haciendo de la necesidad virtud, supo colocar su máquina de escribir bajo el altar, para que el árbol de la vida que brota en cada Eucaristía pudiera crecer fecundo en su trabajo.

María Solano Altaba

Decana de la Facultad de Humanidades y CC. Comunicación.

Universidad CEU San Pablo

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