Opinión

Buenos sacerdotes para ayudar al Jefe

Ordenaciones en Madrid 2021. Doce nuevos sacerdotes
photo_camera Ordenaciones en Madrid 2021. Doce nuevos sacerdotes

Si la ordenación de sacerdotes es siempre un motivo de alegría (y, para nosotros los periodistas, una ocasión estupenda para disfrutar de una “buena noticia”, que no abundan tanto en nuestra profesión), la ordenación de doce sacerdotes en los tiempos que corren, tiempos más que contrarios a la Iglesia ya la religión, tiempos en los que se han atrevido a atender la llamada de su vocación, es, sin duda, causa suficiente para que todos lo celebremos.

Para mí, como periodista, después de casi 20 años en información religiosa, es una bendición poder seguir escribiendo sobre vocaciones. Y aun así, hoy es un día especial porque no solo escribo como periodista sino también como profesora. No voy a revelar el nombre de mi querido alumno, que se encuentra entre estos doce – David Benito Lázaro, Francis Henry Santana Bowles, Arsenio Fernández de Mesa Sicre, Francisco Giménez Tormo, Francisco Javier López Fernández, José Pablo Oroz Costés, Bernabé Rico Godino, Ignacio Sansón Bejarano y Maxi Troncoso Peña, del Seminario Conciliar; Pablo Javier Lombardero Blanco y Pedro Ignacio Sepúlveda Contreras, del Seminario Redemptoris Mater, y Carlos Eduardo Ortega Yong, de la asociación Stabat Mater– porque lo conozco bien y sé que, con la humildad que lo caracteriza, se sentirá un poco abrumado por aquello de que “su profe” le dedique esta columna. Aunque sé que cuando me lea (porque me leerá), le encantará saber que no hubo día en que no tuviera un rato en mi oración para él en sus años de seminario. Me siento muy honrada de haber podido acompañarlo en su formación. Y nada puede ser más ilusionante para un profesor que ver a su discípulo seleccionado por el mejor de los jefes, el Jefe con mayúscula, para el mejor de los proyectos, la Iglesia.

Lo dijo el cardenal Osoro en la celebración de este mes de mayo: “Sabeos elegidos por el Señor. No lo habéis elegido, os elige Él para que deis el fruto que Él quiere confiaros en vuestra vida. El Señor está grande, está muy grande con vosotros”.

No quiero hacer del ejemplo categoría, pero sí quiero resaltar la maravilla que tenemos los “fieles de a pie” con estos sacerdotes tan comprometidos, bien formados académicamente, preparados con excelencia, decididos en su vocación contra viento y marea, convencidos por amor a Dios, santos con los pies en la tierra que hacen un bien enorme en una sociedad que necesita su ayuda. Pero así, exactamente así, es mi alumno, del que guardo el mejor de los recuerdos. Mente brillante –dos carreras a falta de una en la Universidad CEU San Pablo–, mirada despierta, pensamiento crítico ante los tópicos aceptados, ante lo políticamente correcto, generosidad inmensa, buen compañero, buen amigo, buen hijo, buen hermano, buen alumno.

Ahora ya no anda en las lides del Derecho y el Periodismo que lo vieron crecer, anda mucho más allá. Porque en la Facultad tratamos de enseñarle la importancia de buscar la verdad, y él la ha encontrado con mayúsculas. Y ahora que Dios lo suma a su equipo de imprescindibles, todos nos sentimos un poco más afortunados porque, como apuntó nuestro arzobispo, “el Señor os invita a todos vosotros a salir a las periferias, no solo de las pobrezas, sino también las existenciales, para curar a todas las personas que encontréis en el camino, sin prejuicios, sin miedos”. Vendrá a curarnos. Vendrán a curarnos. Y tenemos que darles las gracias.

María Solano Altaba

Decana de la Facultad de Humanidades de la Universidad CEU San Pablo

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