Opinión

La batalla cultural de las marquesinas

Ángel López Berlanga.
photo_camera Ángel López Berlanga.

Esta Semana Santa hemos tenido la oportunidad de disfrutar de una peculiar campaña publicitaria en las marquesinas de buena parte de las ciudades de España. Campaña que, por su impacto, se ha viralizado también en las redes sociales. Firmada por la Asociación Católica de Propagandistas (www.acdp.es), y con distintas creatividades, nos ha permitido recorrer las estaciones del Vía Crucis de parada de autobús en parada de autobús y nos ha traído a la reflexión una emotiva historia de perdón y esperanza que resume el cambio que la Pascua trae a nuestros corazones.

El acierto de la campaña, tanto por el fondo como por la forma, reside en un elemento clave que el catolicismo necesitaba como agua de mayo: logra llevar a la calle, allí donde está la gente, la batalla cultural tan necesaria en nuestros días. Y no lo hace para polemizar, sino para invitar a la reflexión, para dar una voz certera sobre asuntos que no están en eso que llamamos “la agenda de los medios”, y que viene dictada por escándalos reales que se suman a los muchos ficticios generados para tapar los primeros.

Esta reflexión nacida de los carteles en las marquesinas de los autobuses es el mejor camino para salir de la corriente arrolladora del pensamiento único, de lo políticamente correcto que provoca que ya no se pueda hablar en público de determinadas cuestiones, como la fe, por si hay quien se ofende. Y el objetivo está más que cumplido: se plantean temas, los de fondo, los que de verdad preocupan al hombre en busca de sentido, se recuerda que existe una mirada trascendente que el cortoplacismo posmoderno ahoga en preocupaciones irrelevantes, se anima a la reflexión interior, individual, que es la verdadera palanca para cambiar el mundo, y se consigue, al mismo tiempo, crear una sensación de comunidad que logra que la persona no se sienta sola, sino parte de un conjunto.

Porque buena parte del éxito de iniciativas como esta radica en su capacidad para romper la espiral del silencio en la que tendemos a sumirnos los católicos, mayoría silenciosa y silenciada por unos “anti” que levantan mucho más la voz y que no reciben críticas porque es “lo que está de moda”. En esta batalla cultural en la que la fe toma el espacio público, lo grandioso es que no importan los likes (aunque se multiplican como la levadura fermenta la masa del pan) y tampoco los ataques de los haters (porque no pueden ofender). Importa haber despertado un rato de reflexión, un rato de oración, en quien se sentía solo y ha logrado salir de esa espiral para recuperar la esperanza.

María Solano Altaba

Decana de la Facultad de Humanidades de la Universidad CEU San Pablo

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