Opinión

¿Y si no fue un lapsus?

Isabel Celaá, ministra de Educación.
photo_camera Isabel Celaá, ministra de Educación.

Hay ocasiones en periodismo en las que uno tiene que recurrir varias veces a la grabación de unas declaraciones para convencerse de que lo que sus oídos escucharon en primer término era realmente cierto. Eso ocurrió el otro día cuando la ministra de Educación en funciones, invitada por Escuelas Católicas, dijo, ante un auditorio de unas dos mil personas vinculadas con colegios religiosos, que el
derecho de los padres a elegir centro educativo para sus hijos no se desprende directamente del artículo 27 de nuestra Constitución.

Evidentemente, como ha dicho no sin falta de sarcasmo el secretario general de la Conferencia Episcopal, tuvo que tratarse de un lapsus porque tanto la literalidad del precepto constitucional como la abundante doctrina y jurisprudencia indican lo contrario. La ministra, encerrada en un callejón sin salida que toca uno de los temas más sensibles para la ciudadanía, por tanto, para los votantes, trató de abrir una vía de apaciguamiento diciendo que eso no significaba que no fuera un derecho, aunque
no emanase directamente de la Constitución. Es como decirles a los padres que su derecho a elegir la educación que quieren para sus hijos vale tanto como el derecho de mi madre a recibir un descuento en su abono transportes por ser mayor de 65 años. Poco menos que un regalo de quita y pon.

La gravedad de la declaraciones de la ministra en funciones se percibe aún mejor si nos fijamos en otros ejemplos de libertad en nuestra democracia que nos engrandecen como sociedad, como el hecho de que el presidente del Gobierno en funciones de esta país nuestro, monarquía parlamentaria, haya cerrado un comprometedor acuerdo de página y media con un partido político que se declara abiertamente republicano para iniciar las negociaciones con otro que se declara republicano y además quiere la independencia de una parte de nuestro territorio. Y sin embargo, los padres no pueden elegir la educación que quieren para sus hijos.

Si lo de la ministra es solo un lapsus significa que no ha entendido que son los padres los que tienen el derecho sobre la educación de los hijos y que el sistema educativo participa de manera subsidiaria, en colaboración con la familia, de ese proceso de formación que redunda en beneficio de todos para que, en último término, la sociedad de mañana reciba ciudadanos capacitados con los valores
que necesitamos.

Si no se trata de un lapsus, nos encontramos ante el primer paso de un triste “dejá vu” cuyas nefastas consecuencias ya se han experimentado en los países con sistemas comunistas y filocomunistas y en los regímenes totalitarios de todo signo. A través de la educación se influye en los pueblos con una sorprendente facilidad y con una enorme capacidad de transformar conciencias.

Basta echar un vistazo a lo que ha ocurrido con los jóvenes en Cataluña tras años de colegios en los que se respiraba independentismo. Y esa contaminación del ambiente se produce tan poco a poco que los afectados apenas son conscientes. Como explicaba con acierto el cardenal Sarah en la apertura el 21 Congreso Católicos y Vida Pública que el CEU y la ACdP acogen este fin de semana, el medioambiente espiritual se ha deteriorado tanto que los principios y valores de nuestra civilización morirán sin que casi nos hayamos dado cuenta, porque mientras se perdían y eran sustituidos por criterios carentes de toda fundamentación moral, nosotros seguíamos comiendo, durmiendo y viendo el fútbol sin darnos cuenta del problema.

Pero hay motivos para la esperanza. Si no es un lapsus, Celaá se va a encontrar con una oposición que no esperaba, la más activa, una con la que no está acostumbrada a combatir. Y es, cómo defiende en tantas ocasiones Jaime Mayor Oreja, exministro, hoy presidente de One of Us, la prepolítica, la batalla cultural, la de la sociedad civil que une sus miles de voces para hacerse escuchar. Este fin de
semana viviremos un buen ejemplo porque muchos y buenos ciudadanos nos damos cita en el CEU para defender la “libertad para educar, libertad para elegir”.

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