Opinión

Tele parroquia

Retransmisión de la misa en La 2
photo_camera Retransmisión de la misa en La 2

Me cuenta “Padre Manuel”, que es el nombre por el que lo conocen los cientos de niños a los que atiende como capellán de nuestro colegio, que en su parroquia se han multiplicado un 50% las peticiones de ayuda a Cáritas. Ayuda de primera, de
primerísima necesidad. Comida. Lo que piden las familias es comida. Me planteo si este encierro que nos ha aislado del mundo a todos y nos encierra entre nuestras cuatro paredes, no nos impide ver la realidad que hay a solo unos pasos del dintel de nuestra puerta. Corremos el riesgo de que nuestro gran agobio sea no poder salir a la calle o no haber conseguido témperas de colores (están agotadísimas) cuando el gran agobio de muchas familias con las que hace solo unas semanas compartíamos banco en misa es que no pueden comer.

Nuestra parroquia es de esas que está en un barrio atípico a las afueras de Madrid porque en ella confluyen códigos postales de muy diverso estrato. Hay un núcleo importante de feligreses que ni teletrabajan ni saben lo que es un ERTE. Para ellos, la crisis económica que acompaña al coronavirus no es apretarse el cinturón. Es venderlo para comer. Coincide que son las mismas familias que no tienen colchón de ahorros, los que ya vivían al día contando los euros para llegar a fin de mes, los que trabajaban a destajo, hoy aquí, mañana allí, con la disciplina férrea que impone el que no haya plan B, los que jamás conocieron contrato, Seguridad Social o prestación por desempleo porque siempre queda ese reducto de población que está fuera del sistema.

Y ahí está “Padre Manuel”, que se esfuerza por conectar cada día con sus alumnos de catequesis y de la clase de Religión, que se ha vuelto youtuber improvisado y nos envía una pequeña reflexión cada mañana, multiplicando las líneas de su tabla de gestión de los milagros para ver si Nuestra Señora del Camino intercede un poco por las maltrechas cuentas de la parroquia.

Porque los párrocos saben mucho de estirar los panes y los peces para cinco mil, pero necesitan al menos cinco panes y dos peces por los que empezar. Y más de 40 días de encierro son muchos domingos sin pasar el cepillo, sin limosna, sin un céntimo entre las velas, sin ese sobre volandero que siempre llega en buen momento al despacho parroquial. Y aunque la ilusión todo lo mueve y la esperanza es un don, con la hucha vacía no hay quien compre lentejas.

La de Nuestra Señora del Camino es un ejemplo de tantos, es una historia entre muchas, porque hoy la mayoría de los párrocos nos trasladan la misma inquietud, el mismo temor, un miedo que no sale en el telediario, unas cifras que, para ellos, tienen nombre y apellidos, hijos a los que atender, enfermos de los que ocuparse, y que, porque no están en el sistema, parecen no existir.

Pero la Iglesia no se ha quedado atrás en el desafío tecnológico con el que estamos haciendo frente al coronavirus y nos lo ha puesto en bandeja. De la misma manera que cada mañana podemos acompañar al Papa Francisco en misa en Santa Marta o cada domingo podemos elegir la catedral que más se nos antoje para “viajar” hasta allí al mediodía, nos dan la oportunidad de seguir ayudando a los que ahora nos necesitan
más que nunca a través de la web donoamiiglesia.es, un sencillo sistema por el que podemos donar lo que queramos a la Iglesia en España, a nuestra diócesis o a nuestra parroquia. Se tarde menos de cinco minutos. Y entre todos seguro que obramos el milagro para dar de comer a quien dimos la paz hace solo unos pocos domingos.

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