Opinión

Nosotros somos los otros

Abrazo Sánchez-Iglesias.
photo_camera Abrazo Sánchez-Iglesias.

Cuando explico en mis clases en la Facultad de Humanidades del CEU cómo se configuran los lenguajes populistas y totalitarios, lo simplifico con una idea de partida que ilustra bastante bien todo el desarrollo posterior. La clave está en los pronombres: basta con enfrentar el “nosotros” al “vosotros” y convertir a los segundos en “los otros”. Ya tenemos un buen campo de batalla.

Ahora que los ejércitos tienen claro el rival, toca alimentar las filas. Y el buen populismo sabe que el reclamo del ‘logos’ no es lo más eficaz a corto plazo. Puede reforzar identidades, pero no levanta pasiones. La clave está en lo que yo llamo “el secuestro de la amígdala”, en relación con esta parte de nuestro cerebro más primitivo, la que atiende a nuestros impulsos emocionales. Porque la emoción, aunque funciona peor a largo plazo, es inigualable a la hora de conquistar
voluntades rápidamente.

Sabemos poco del nuevo Gobierno que acaba de nacer de una fusión imposible que le ha valido el literario apelativo de Frankenstein. Todo lo que nos han trasladado sobre los acuerdos cabe en un puñado de folios con propuestas variadas, más y menos realistas, casi todas con un coste elevado para las arcas del Estado. Y si nos fijamos en las medidas que no tienen implicación económica directa (todas las medidas tienen implicación económica, aunque sea indirecta) la
apuesta ha sido de carácter ideológico, con decisiones de esas que conforman dos equipos en liza, de las que marcan bien el “nosotros” y el “los otros”.

El secreto del éxito está en presentar el debate de la manera más visceral posible, en evitar los argumentos de carácter lógico que pudieran conducir a la persona inteligente a desentrañar la verdad y en centrar todo el discurso en planteamientos emotivistas y lacrimógenos, cargados de ‘pathos’, basados en ejemplos falaces por su escasa representatividad. Pero una buena historia logra muchas adhesiones por parcial o torticera que sea la forma de contarla.

Y en esa batalla populista estamos nosotros, que nos hemos convertido en “los otros” en varios de los puntos programáticos de la recién estrenada coalición. Lanzan al circo mediático de los dogmas carnaza para alimentar a las fieras ideológicas. Ahí dejan para solaz del público el tema de la eutanasia sin explicar que lo que todos deseamos son unos cuidados paliativos en tiempo y forma. Ahí recuperan el aborto, donde parecía que estábamos más allá del límite de la locura, 
pero han reintroducido la decisión de las menores de 16 años, que no pueden hacerse un tatuaje, pero sí acabar con la vida de su hijo. Ahí lanzan una vez más la educación concertada sin exponer que es la garantía de la libertad de educación y que presta un inconmensurable ejercicio público con eficacia contrastada en el gasto por alumno. Ahí retorna la cansina petición de sacar la Religión de las aulas sin tener en cuenta la libertad de culto y sin explicar que las generaciones futuras serán incapaces de descodificar nuestro mundo, nuestra cultura, porque no conocerán la historia y la estructura de pensamiento sobre la que está fundada.

Pero ya somos “los otros”. El árbitro ha pitado (en festivo, siempre en festivo) el arranque de un partido en el que el debate ideológico mantendrá enfrentada a la sociedad mientras el caos económico socava nuestro futuro adormecidos por la generación constante de odio a “los otros”.

María Solano Altaba

Decana de la Facultad de Humanidades del CEU

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