Opinión

Igualdad o ‘igual da’

Clase de religión. Imagen de la Conferencia Episcopal.
photo_camera Clase de religión. Imagen de la Conferencia Episcopal.

Estos tiempos de tribulación, con la sucesión de desgobiernos y el incierto futuro que tenemos por delante, la historia nos invita a defender nuestras libertades porque aquellos derechos de los que no nos sintamos sujetos corren el riesgo de caer en otras manos.

No se trata de salir a la calle a quemar contenedores. Las barricadas no son nuestra forma de actuar. Se trata de inundar el espacio público con las voces de los que nos hemos quedado adormilados en una cómoda espiral del silencio y no nos damos cuenta de que andan robándonos, poco a poco, para que no nos demos cuenta, delante de nuestros ojos.

A los católicos llevan años amenazándonos por la vía sutil de la educación. El ataque sistemático a la enseñanza concertada, tantas veces en las certeras manos de instituciones religiosas que desde hace siglos se esfuerzan por formar a las generaciones futuras, es un ejemplo claro. Todo empezó de tal modo que, como expresa José María Amiguet, de la Asociación Católica de Propagandistas, “parecía un accidente”. La asignatura de Religión deja de ser obligatoria, después deja de computar para la nota, a la larga, los padres católicos de agobiados alumnos terminan por aceptar que no la cursen para que no tengan más clases y el Estado ya tiene unas estadísticas irreales, pero aparentemente objetivas que dicen que España ha dejado de creer. Toda una “fake news” cocinada durante años.

Por fortuna, empiezan a despuntar iniciativas que luchan contra estas imposiciones ideológicas tiempo que pretenden despertar a los que no se estaban dando cuenta de la magnitud del problema. Fue en un encuentro reciente, acogido por la Fundación Villacisneros y la Fundación Valores y Sociedad, con la colaboración del CEU, donde le escuché a Paco Rosell una frase que da título a esta columna. El problema es que llevamos años luchando por la “igualdad” y la hemos acabado convirtiendo en un “igual da”. Igual da que me dejen educar a mis hijos con el criterio que yo elijo, igual da que no permitan abrir más líneas en los colegios concertados aunque cientos de padres se queden cada año a las puertas, con la excusa de que quedan plazas en los centros públicos que esos padres no habían elegido, igual da que las trabas burocráticas de algunos ayuntamientos dificulten enormemente la apertura de nuevos colegios…

Por eso es tan importante que no nos dé igual así que nos toca alzar la voz para recuperar nuestra libertad que no siempre es la igualdad.

María Solano Altaba

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