Opinión

El sorprendente San José Obrero

San José.
photo_camera San José.

Si hay alguien sorprendente en los textos de los Evangelios después de Jesús y María, es San José.

Aquél impresionante San José que fue elegido por Dios para hacer de padre de Jesús en este mundo, el Mesías esperado desde hacía siglos, no hizo nunca alarde de su condición de descendiente de la estirpe del gran rey David.

Nos lo encontramos dormido, cuando, ante la tremenda situación de que su Mujer Santísima va a tener un Hijo no suyo, el Ángel le dice que no se preocupe pues es obra del Espíritu Santo.

Estaba también dormido cuando el Ángel le dice que huyan a Egipto, pues Herodes quiere matar al Niño y Él lo tiene que proteger.

Él le enseñó, con su esposa La Virgen María, casi todo a Jesús para vivir y crecer, como cualquier ser humano aprende las cosas, en primer lugar, en su casa y de sus padres.

San José, ese Obrero, enseñó a Cristo a hablar, a caminar, a comer, a gesticular, a llorar, a sonreír, a querer a los demás, a estudiar, a trabajar, a pasarlo bien, a pasarlo mal. Pero da la casualidad de que Jesucristo es perfecto Hombre, así lo ha enseñado la Iglesia desde siempre.

Por eso, no es de extrañar, que La Virgen haya querido que en el primer día del mes de mayo, el mes de María, su mes, Ella haya extendido su amorosa mano hacia la persona de José, su esposo, para que lo comencemos con la mirada fijada especialmente en Él.

Él le ha dejado hacer a su esposa, pero quiere que sea como obrero. ¡El mejor Obrero!

Juan José Corazón Corazón

Sacerdote

Doctor en Derecho Canónico

Doctor en Derecho

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