Opinión

Domingo de Ramos: La realeza de Jesucristo

La celebración del Domingo de Ramos la hemos comenzado con los textos que nos recuerdan la entrada triunfal de Cristo en Jerusalén. Es aclamado por la muchedumbre del pueblo cuando entra montado en ese manso pollino y las gentes extienden mantos y ramos a su paso, mientras exclaman: “Hosanna… Bendito el que viene en nombre del Señor”.

Quiso Jesucristo que quedara clara la condición de su realeza y, esta vez sí, deja que le aclamen.

Luego, en la liturgia de la Palabra, hemos escuchado el relato evangélico de su Pasión y Muerte en la Cruz. Pero también, en su Pasión y Muerte queda constancia de su realeza.

Cristo quiso afirmar su condición, cuando Pilato le pregunta: ¿Tú eres Rey? y Jesús, de modo rotundo, le respondió: “tú lo has dicho…” También quedó resaltada su realeza en lo alto de la Cruz, en aquel cartel que ponía su nombre: “Jesús Nazareno, Rey de los judíos”.

En lo más alto de su Trono Real, la Cruz, esa inscripción anuncia al mundo entero que Cristo es Rey.

Y si su trono fue esa Cruz, el arma de su poder absoluto fue y es el Amor, pues no lo pudo superar el sufrimiento de su Pasión y su Muerte.

Es el inicio de la Semana Santa, que terminará con la feliz Resurrección. Entonces Jesús reafirmará: “Se me ha concedido todo poder en el Cielo y en la Tierra”.

Juan José Corazón Corazón

Sacerdote

Doctor en Derecho Canónico

Doctor en Derecho

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