Opinión

Vuelve la comunión en la boca

El Papa Francisco dando la comunión.
photo_camera El Papa Francisco dando la comunión.

Tengo que confesar que, aunque uno piensa que está bien informado, no me había enterado de que el Vicario General de Madrid, rompeolas de las Españas, el bueno de Avelino Revilla, había escrito una carta a los curas diciendo que, desde el pasado viernes 11, volvíamos a la normalidad litúrgica exceptuando las medidas que impusiera la Comunidad Autónoma.

La micro noticia del mundo micro dice así: “En una carta dirigida a los sacerdotes diocesanos, el vicario general de la archidiócesis de Madrid, Avelino Revilla, informa de que, «debido a la favorable evolución de la situación sanitaria», desde este viernes, 11 de marzo, las celebraciones «se llevarán a cabo únicamente conforme a lo contenido en los libros litúrgicos».

Según detalla el texto, ya no habrá «ninguna restricción» propia más allá de «lo estipulado en las normas sanitarias vigentes en cada momento» en la Comunidad de Madrid, entre las que ahora figura la obligatoriedad de usar mascarilla en interiores o ventilar adecuadamente”.

Me temo que este retorno no es solo una cosa de Madrid, de ese catolicismo madrileño que todavía sorprende a los visitantes. Lo mismo ocurrirá en otras diócesis, pienso.

Es decir, que ya se puede comulgar en la boca, aunque entiendo que antes también se podía. O no. Porque asistí a alguna misa reciente en la que el sacerdote le siguió negando la comunión en la boca a un fiel cristiano por motivos sanitarios, supongo.

No seré yo quien vuelva de nuevo a la polémica sobre comunión en la boca o comunión en la mano, forma ordinaria, forma extraordinaria. Yo lo tengo claro y mi forma ordinaria es en la boca, aunque no me he hecho problema con comulgar en la mano. Y no tengo necesidad de citar un famoso texto de un santo padre para apoyar una forma u otra, ni la ordenación general del Misal, ni ningún documento del magisterio. Me preocupa más el respeto, el cuidado, la expresión de recogimiento interior y exterior, el cariño con el Señor, también en ese momento.

De hecho, desde la pandemia se ha generalizado la comunión en la mano, incluso en ambientes e iglesias en las que antes la comunión era en la boca casi unánimemente. Y me parece que va a ser difícil volver al status quo anterior. ¿se irá ese miedo a contagiarse al comulgar en la boca?

Como también está siendo difícil la asistencia de determinados sectores de fieles que aún no han vuelto a la Iglesia. Como también veo que ocurre parecido con el dinero en los cepillos y con los donativos.

Tengo la impresión de que va a costar que se retome la anterior práctica. Sería una buena oportunidad para que los sacerdotes, a la hora de explicar que retornamos a la normalidad, que no sé si lo es, aprovecharan para una pequeña “catequesis eucarística” sobre el cuidado y respeto a la presencia del Señor en la sagrada forma.

Y que no se limitaran solo a dar el aviso porque, al fin y al cabo, no sé si se debe, aunque se pueda, equiparar las dos fórmulas de comunión.

En este tiempo pasado he visto cómo, en varias ocasiones, a la hora de comulgar, no solo cómo volaban las formas al suelo. Miles de maneras de comulgar que no voy a detallar.

Al fin y al cabo, la comunión, su forma, en no pocas ocasiones también es un síntoma de un proceso más amplio. Desde cómo se celebra a cómo se experimenta lo que se celebra, por parte del sacerdote y por la de los fieles.

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