Opinión

Votó quien no estaba en la Plenaria

Francisco César García Magán.
photo_camera Francisco César García Magán.

Como era de esperar, bueno, no tanto, monseñor Francisco César García Magán, Paco César como le llama su arzobispo, ha sido elegido secretario general de la Conferencia Episcopal Española.

Continuidad a la enésima potencia con la anterior secretaría de Argüello el magnífico. Y no solo continuidad sino apoyo abrumador de los obispos a tenor del resultado obtenido en la primera votación con esa mayoría absoluta aplastante.

Tiempo habrá de entrar en más destalles sobre el proceso, sobre los tiempos y momentos de una tarde, noche y mañana, algo así como el Génesis. Lo que parece claro es los obispos españoles se han mostrado continuistas, vuelven a apostar por lo seguro y quieren repetir el patrón de la anterior elección.

Es decir, primero colocar a un aparentemente desconocido en el escenario de la calle Añastro. Después lanzarse a la suerte de descubrir otro mirlo blanco. Ojalá que sea así.

La apuesta por un laico, en este caso no un laico de la calle, sino de casa, era demasiado disruptiva, rompedora e, incluso, arriesgada. Y me da la impresión que hizo aguas más por los avales directos e indirectos que por la presentación o posibilidad del proyecto.

A lo que vamos. García Magán, don Paco César según su arzobispo, es un hombre formado en la curia vaticana. Un hombre hechura de Secretaría de Estado en el pontificado de san Juan Pablo II-Benedicto XVI. Supongo que habrá quién se pregunte por qué se volvió a su patria cuando tenía una prometedora carrera diplomática. No lo sé y no creo que sea sustancial a este argumento.  

Lo que sé es que el hombre por naturaleza de Secretaría de Estado en España es el Nuncio, monseñor Bernardito Cleopas Aúza, a quien me hubiera gustado dedicar esta columna por su magnífico discurso inaugural de la Plenaria. Que me malicio era algo y mucho más que un discurso de un Nuncio.

Por lo tanto, aunque el Nuncio no vote en la elección del secretario general, aunque el cardenal Secretario de Estado, y toda la Secretaría del Papa juntas, no voten en la sede de la Conferencia Episcopal Española, han metido a uno de los suyos.

Al menos de mentalidad, de formación y de estilo, tal y como confesó en la primera rueda de prensa, que es como las bodas de miel, que no de hiel, del secretario general con la prensa.

Quizá el Gobierno deba ir apuntando este dato para próximas reuniones. 

Por cierto, me da la impresión de que García Magán es uno en Toledo y va a ser otro en Madrid, en Añastro. Por la soltura con la que se manejó el primer día, solo rota cuando le hicieron la preceptiva pregunta sobre la pederastia y miró los papales que tenía preparados. Madrid nunca ha estado muy lejos de Toledo, o al revés.  

Tocarse el anillo, lo que llaman los técnicos hetero-adaptador de imagen, los gestos de las manos siempre abiertas, en círculos concéntricos hacia dentro y hacia fuera, frases preparadas, incluso formas hechas como la “de las luces largas”, mantra propio, todo hay que decirlo, de quien le precedió en esa sede, monseñor Gil Tamayo, funcionaron.

Pero lo que más me ha llamado la atención es la argumentación teológica, eso de que el Evangelio no es una utopía, la carga de profundidad cristológica de su aparentemente sencilla intervención. Vamos, que no puede negar que estudio en Toledo y no voy a decir con quién para que no se me entienda todo.

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