Opinión

El Vía Crucis de Joaquín Martín Abad

Joaquín Martín Abad.
photo_camera Joaquín Martín Abad.

La Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén, su Lugartenencia de España Occidental, se ha convertido ocasionalmente en editora de un precioso libro, útil para esta recta final de la Cuaresma y para los días santos que se acercan.

Con nobleza material, gusto y limpieza gráfica, incluso de tipo de letra, acaba de editar “Las siete palabras de Jesús en la Cruz y las siete palabras de María en los Evangelios” del canónigo de la Catedral de Madrid, don Joaquín Martín Abad. No es un Vía Crucis clásico, pero no deja de serlo de una forma singular al referirse a las palabras que dan sentido a la cruz de Cristo y de nuestra existencia.

Es don Joaquín una de las personalidades más completas de la Iglesia en la España contemporánea. De hecho se podría decir que es uno de los protagonistas de esa historia tanto por los cargos que ha ocupado en la Conferencia Episcopal –que no voy a reseñar- y en la archidiócesis de Madrid como por sus extensas relaciones.

 Su magnífica memoria de recio turolense, su capacidad de precisar hasta la más nimia premisa de un silogismo en bárbara, le convierte en un atractivo interlocutor para entender no solo el pasado, también el presente nada sencillo que nos interpela.

En plenitud de facultades goza ahora de un apacible retiro madrileño cargado de iniciativas ligadas a la vida consagrada y a la escritura. Su historia presente de la diócesis de Madrid, en edición demasiado limitada, se va a convertir dentro de no poco en un libro de imprescindible consulta. Entre otras razones por los datos y estadísticas que ofrece.

Pero ahora de lo que se trata es de aprovecharnos de esa savia espiritual y acompañar las meditaciones de estos días con sus palabras sobre aquellas palabras, recogidas por el testimonio del primer Evangelio histórico, el de la cruz. Unas palabras, las del Salvador y las de su Santísima Madre, en diálogo con los poetas, con los místicos, con los santos de la historia, de nuestra historia.

Hablando de sustratos textuales del Evangelio, el texto de fondo de don Joaquín está ligado a su predicación del Sermón de las Siete palabras en Valladolid, si no calculo mal en la época del recordado por su bondad y ciencia don José Delicado Baeza.

Lo mismo te topas en este particular Vía Crucis con lo escrito por Dietrich Bonhöffer, que a los teólogos Alfaro, S.J., Galot, S.J., Bordoni, entre otros, o a lo escrito por Miguel de Unamuno.

Con el acompañamiento de un notable material fotográfico, en esta edición cuyos beneficios de venta están destinados a los cristianos de Tierra Santa –lo propio del carisma de la Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén-, tenemos un referente de aire fresco en la espiritualidad vivida, sentida.

Acostumbrados como estamos a las golosinas espirituales, no está demás que, de vez en cuando, nos acerquemos a esos libros de amplitud de horizontes, de hondura y calado.

Clásicos ya, se podría decir, de los tiempos fuertes de la experiencia cristiana. Y éste de don Joaquín es, sin duda, uno de ellos.

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