Opinión

Una urgencia de los católicos

El arzobispo de Barcelona, cardenal Luís Martínez Sistach, acaba de escribir esta semana sobre “Los cristianos en medio del mundo”. Sus palabras, glosa de la doctrina común, tienen especial relevancia para estas fechas en las que, eclesialmente, nos acercamos a Pentecostés.

“El campo propio de la actividad de los laicos cristianos como tales –ha señalado el arzobispo de Barcelona- es el mundo amplio y complejo de la política, de la realidad social, de la economía, así como el de la familia, de la educación, de la cultura, del ocio, etc. Su identidad cristiana consiste en estar en el mundo sin ser del mundo”.

Y con valentía, ha añadido el cardenal Sistach: “Si esta es la vocación específica de los laicos cristianos, podemos preguntarnos: ¿se tiene conciencia de esta vocación? Hoy se observa en todo el mundo que los laicos cristianos tienen la tentación de dedicarse excesivamente a los servicios intraeclesiales, dejando su tarea específica de presencia cristiana en medio del mundo. Esta constatación es preocupante y hay que tomar conciencia de ello. Jesús pidió en la santa cena al Padre por sus discípulos: “No te pido que los saques del mundo”.”

Lo propio, por tanto, de los laicos, es la presencia en el mundo en aquellos ámbitos que constituyen la realidad social. Contando con la sana y legítima autonomía de las cosas creadas, el trabajo de los cristianos es una base determinante para la construcción de la sociedad en la que están inmersos.

Si aplicamos este principio a la política actual española, nos llevaríamos no pocas sorpresas. Un diagnóstico de la situación implica un profundo examen de conciencia. No hace muchos días, recibí un correo electrónico de un buen amigo, profesor universitario, que me sonó a que las alarmas se habían disparado. Hombre sosegado, estudioso de la historia contemporánea de España, me decía –y perdón por reproducir el correo, en parte, con su autorización-:

“Querido José Francisco:

La votación de ayer en torno a la reforma de la ley del aborto me dejo hondamente preocupado en el sentido de que parece cada vez más claro que no hay partido en España que defienda los intereses de la Iglesia. Los católicos estamos huérfanos de representación política, y me pregunto si no sería el momento de intentar un renacer de la democracia cristiana en España aunque sólo fuera a través de una plataforma y no de un partido político. Porque el problema está en nosotros, en que no reaccionamos mientras la sociedad sigue profundizando en la crisis de valores. Y eso que seguimos manteniendo buenas cifras, o por lo menos aceptables: 35% de asistencia a misa, más de un 80% de bautizos, cifras todavía altas de nupcialidad...

El otro día me dijo un famoso sociólogo español que cree que de aquí a las generales surgirían nuevos partidos; ¿habrá alguno que represente el sentir de los cristianos? ¿El PP sigue siendo el mal menor?”.

No sé si los lectores compartirán esta reflexión. Al menos, es bueno que la hagamos.                              

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