Opinión

Tomarse en serio la sinodalidad

Papa Francisco con cardenales.
photo_camera Papa Francisco con cardenales.

El concepto de sinodalidad es uno de los grandes motivos del pontificado del Papa Francisco. Un concepto, y una realidad, por lo demás, que, en cierta medida, se va construyendo en el camino de la Iglesia más allá del uso de frases hechas y repetidas.

Si antes se hablaba de comunión ahora parece que se habla más de sinodalidad. Entiendo que no son dos conceptos sustituibles sino complementarios en lo que a las relaciones internas se refiere respecto a la naturaleza de los procesos, de los agentes, de las formas que, en cierta media, dependen de la contingencia de la historia. La sinodalidad sería así la dimensión operativa de la comunión con el protagonismo efectivo de todos.   

Ahora que se ha presentado el primer documento del Sínodo que va a  implicar a toda la Iglesia, -esperemos que realmente a toda-, he recordado con agrado lo de “una Iglesia sinodal es una Iglesia a la escucha con la conciencia de que escuchar “es más que oír”, tal y como decía el Papa Francisco el 17 de octubre de 2015. Escuchar y hablar.

Por lo tanto, me he preguntado qué papel juega la trasparencia, la información en el proceso de sinodalidad. ¿Algo más que oír y escuchar a todos, a unos pocos, a los que nos dicen lo que nos gusta, a los que nos confirman nuestras ideas y proyectos? ¿Qué pasa con los que dicen cosas que no nos agradan, que nos interrumpen en nuestras maquinaciones, que alteran nuestras estrategias?

¿Podemos iniciar un camino sinodal si no tenemos información, que es noticia, adecuada de la meta, del proceso, de las dinámicas, de las intenciones que se expresan en las acciones? No me refiero solo a cuestiones de organización sino, en general, a la dinámica que se establece en el día a día de las Iglesias.

Entiendo que para un fiel cristiano de a pie, la meta siempre es la santidad, la presencia del Reino, la misión de restaurar todo en Cristo. Y en la Iglesia lo específico de lo que nace de la vocación bautismal en el mundo.

Ya sé que la Iglesia es también una Iglesia de contrastes y que la paradoja de la fe está ahí presente. Pero espero que la sinodalidad ayude a que penetre en la Iglesia la conciencia de la información compartida, como medio también de participación. Porque si no fuera así, estaríamos en la Iglesia de la representación de papeles, en el escenario de las marionetas de la historia.

Una Iglesia sinodal es una iglesia trasparente, abierta a la escucha del Espíritu, a la escucha de unos y otros, al diálogo, a la compañía. En algunos casos, ahora, da la impresión de que estamos en una iglesia de la sospecha, de los cotos cerrados, de los supuestos y superpuestos, de las insidias, de las exclusiones, del ocultamiento, de la ausencia de “parresía” que significa contrastar incluso las versiones.

Al menos, yo quiero tomarme en serio la sinodalidad. Y no solo porque nos haya invitado el papa sino por puro convencimiento.

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