Opinión

El teólogo Henry de Lubac se pone de moda

Henry de Lubac.
photo_camera Henry de Lubac.

Gracias al generoso patrocinio del sacerdote abulense, y filósofo, Alfonso Pérez de Laborda, la editorial Encuentro se ha lanzado a la aventura de publicar veintiún volúmenes iniciales de las Obras Completas del teólogo Henri de Lubac (1896-1991).

Es decir, una edición española de las Obras Completas que cuenta con un comité científico en el que están los cardenales Blázquez y Ladaria, los teólogos Olegario González de Cardedal, Santiago del Cura, Salvador Pié, Santiago Madrigal, Ángel Cordovilla, con la coordinación del claretiano Samuel Sueiro.  

La clave de esta empresa teológica de mucho nivel, que ojalá contribuya a la formación de la conciencia cristiana y al relanzamiento de una nueva teología a la altura de los grandes maestros del siglo XX, es, entre otras razones, la pertinencia del pensamiento de De Lubac.

Que la teología de De Lubac está de moda no se explica solo por las veces que el Papa Francisco le ha citado como uno de sus referentes doctrinales. O la continuidad que se puede establecer entre los últimos Papas respecto de ese venero que fue para ellos De Lubac.

La pretensión de este autor por dar a conocer “algunos de los lugares comunes de la tradición católica”, de “presentar su fecundad siempre actual”, debiera servir de aliciente para afrontar los siempre complejos retos para la fe, máxime en tiempos de disolución líquida.

La trabazón entre la verdad cristiana y el misterio de Dios y de Jesucristo, y de la Iglesia, es una constante en sus escritos, que, aunque no fueron tan sistemáticos como una “Summa” clásica, ofrecen un horizonte singular de renovación del pensamiento cristiano desde las fuentes. 

En la sintética y acertada introducción al primer volumen, “Por los caminos de Dios”, el claretiano Samuel Sueiro señala algunos núcleos de actualidad del pensamiento teológico de De Lubac.

De entre esos ámbitos destacaría el que se refiere al deseo infinito de Dios del ser humano, acrecentado en este momento por una perpleja ansiedad sobre el futuro. Un deseo que se satisface con el encuentro con la novedad que siempre es Jesucristo.

Encuentro que se realiza en la Iglesia, misterio de comunión y sacramento del encuentro del hombre con Dios. Si hay un libro pertinente para estos días en los que se manifiestan determinados reduccionismos eclesiales, y las aguas profundas del sustrato institucional bajan algo más que revueltas, es “Meditación sobre la Iglesia” de De Lubac.

Un libro que nos ayuda a combatir tres grandes tentaciones: el cristianismo individualista, la mundanidad espiritual y el encastillamiento en la propia soledad interior que rehúye el testimonio, el anuncio y la misión.

Bienvenida pues esta iniciativa editorial que deseamos sea alimento para muchos.

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