Opinión

La teología de José Antonio Sayés

José Antonio Sayés.
photo_camera José Antonio Sayés.

Nunca supe cuántos libros había escrito el profesor de teología de la Facultad del Norte de España, sede en Burgos, José Antonio Sayés, recientemente fallecido. Las necrológicas ahora publicadas tampoco lo aclaran en demasía.

Lo que sí sé, a ciencia cierta, es que sus libros de teología han ayudado, y están ayudando, a generaciones de estudiantes y estudiosos de la teología a formarse adecuadamente, formar su ciencia y conciencia.

En una época, pasada pero no lejana, en la que dominaba en los Seminarios y centros de formación teológica el  prurito de la oposición, de la alternativa, de la superación, al y del magisterio de la Iglesia, los libros de Sayés eran un oasis, una tabla segura a la que agarrarse.

Siempre tuve la impresión de que el P. Sayés, como le llamaban sus cercanos, que por cierto hacía una teología clara y pedagógica, no era muy aceptado por sus homólogos. Le venían a considerar como un verso suelto, un cruzado o un francotirador de la ortodoxia, un restauracionista, vamos. 

De hecho, recuerdo que cuando escribía las reseñas de libros en el Alfa y Omega primigenio, tuve una polémica con un autor de una historia de la teología en España, sobre la que me permití hacer algunas leves observaciones críticas. El citado autor tuvo una reacción desaforada hasta el punto de que le mandó una carta incendiaria al cardenal Rouco para que me prohibiera escribir sobre determinados libros. Entonces aprendí lo que significaban algunas actitudes progresistas en la Iglesia, entre otras razones porque la diatriba terminó utilizando argumentos ad personam contra mí.

Recuerdo que una de las ideas de mi reseña fue que no se había referido a José Antonio Sayés. Creo que esto fue lo que exacerbó al citado autor de feliz memoria. Ah, y para los que ahora están especulando, diré que no fue a propósito del mejor libro sobre la teología contemporánea en España, el de don Olegario.

Aunque el P. Sayés fuera un hombre dedicado a escalar los ochomiles de los temas de teología, y a dar respuesta a no pocas insuficiencias teológicas comunes, también con sus famosas citas a pie de pagina, hay otra dimensión de su vida que querría destacar en esta columna homenaje.

Fue un magnífico director de tandas de Ejercicios Espirituales, profundo, centrado, esencial, incluso divertido. Unas tandas en las que mezclaba al más puro san Ignacio con aquellos gráficos y ejemplos pintados en la pizarra tan suyos. Una delicia nada alejada, por otra parte, de la realidad de la vida, por mucho que pareciera que viviera en una burbuja.

Fiel amigo de sus amigos, fiel servidor de la Iglesia y del servicio a la teología, se nos ha ido un autor que ha marcado a generaciones de fieles y de sacerdotes. 

Por lo que estoy observando estos días, hay no pocos que quieren pasar como de puntillas ante el fallecimiento de don José Antonio Sayés. Y me resulta extraño.

¡Con lo bien que enterramos en España!  Y no digamos nada en la Iglesia…

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