Opinión

El sínodo de lo esencial

Durante estos días, a partir de la visita pontificia al Santuario de Nuestra Señora de Loreto, el Papa era consciente de que la percepción de los mensajes en la vida de la Iglesia se ralentiza por mor de la aceleración de la historia y de las formas de vida del presente. A la agenda de Loreto habría que añadir la inaugural de la plaza de San Pedro del domingo, y la del jueves, en la celebración de aniversario de inicio del Concilio. Por cierto, que será concelebrada por el único español que estuvo en el Aula conciliar y vive aún: monseñor Gabino Díaz Merchán, emérito de Oviedo. Por cierto, hace unos días pronunció la conferencia inaugural del curso en el Seminario de Oviedo.

Si la homilía del Santuario de Loreto fue una eficaz y afectiva referencia a la fe como la casa en la que el hombre acepta a Dios como su pleno sentido, Dios y el hombre, sin contraposiciones ni rupturas propias de la modernidad, la homilía de inauguración del Sínodo, y del Doctorado universal de san Juan de Ávila y santa Hildegarda de Bilden nos habla, también de lo esencial, de la santidad. Una homilía que tenía unas lecturas que han traído ríos de tinta y de exégesis en la historia de la Iglesia: Nada más y nada menos que la cuestión de la unidad e indisolubilidad del matrimonio. De ahí que lo dicho sobre le matrimonio por el Papa hará ensanchar los caudales.

Cada vez que, a partir de ahora, se hable, se escriba, se predique de y sobre la Nueva Evangelización se citará esta homilía. A partir de ahora, tendremos que estar muy atentos a las intervenciones de los padres sinodales para ver cómo los temas que ha afrontado Benedicto XVI se van desgranando en ideas e iniciativas.

José Francisco Serrano Oceja[email protected]

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