Opinión

La sacristía de la Vendée

Universidad.
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No hay lugar más friki que una Facultad universitaria, y no les digo nada si es de comunicación. Aunque en el caso que nos ocupa, la mía, esté a años luz de ciertas corrientes ideológicas imperantes en el ramo.

Hace días estábamos en pleno debate en la cafetería sobre si en España hubo modernismo teológico o solo modernismo literario, o modernismo teológico como pose literaria, todo eso a partir de Unamuno, entre otros, cuando alguien citó una tertulia de curas en Youtube.

Y uno que es curioso por naturaleza se ha tragado las ediciones caseras de esa tertulia de curas. Jóvenes y de negro.

No sé nada, o casi nada, de los contertulios de “La sacristía de la Vendée”, ni sé si son amigos de estudios o de espiritualidades compartidas. El único dato que tengo a mano es que uno de ellos tiene un magnífico libro sobre Historia de la Iglesia. Un pelín apologético, pero no sé por qué hay que despreciar la buena apologética.

Me temo que son sacerdotes singulares, no sé si representativos o no.  Lo que más me gusta es la libertad con la que expresan sus juicios, sus argumentaciones, la lógica de sus razonamientos, y su siempre manifestado amor a la verdad y a la Iglesia, depositaria de la Revelación.

Es muy curiosa esta tertulia de temas de actualidad. Lo primero que hay que decir es que si los médicos organizan tertulias y las publican, los abogados, los historiadores, incluso los periodistas, ¿por qué no la van a hacer los curas? Al fin y la cabo, tertulia de jóvenes cultos y leídos.

No sé si esto es muy clerical o no, pero no está demás que ante una general desafección hacia los sacerdotes, estos se presenten con los avales de su lógica. Cuando en los años setenta se llevaba que los curas estuvieran en todos los saraos, se metieran en políticas sociales, no pasaba nada. Bueno, pasó que no pocos, por desagracia, dejaron de ser curas y se hicieron políticos.

La libertad, por tanto. Espero que siga ejerciéndola por mucho tiempo. Saben que lo que dicen son opiniones suyas y solo suyas. De hecho, en el faldón de la imagen, de mejorable calidad técnica, se pude leer en continuidad: “Los participantes en este programa se someten en todo al juicio de la autoridad eclesiástica (CIC 823, 1). Al mismo tiempo manifiestan su adherencia total a las enseñanza de la Iglesia Católica”.

Es cierto que no suelen hablar de temas internos de Iglesia, sino de la vida en general. Su preocupación es la de resolver nuestro problema con la verdad.

Cada vez más me pregunto por aquellas palabras del Maestro: “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Jn 8, 32).

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