Opinión

Rodríguez Ibarra en la FUE

Juan Carlos Rodríguez Ibarra.
photo_camera Juan Carlos Rodríguez Ibarra.

El pasado jueves se celebró en la Fundación Universitaria Española la segunda edición de “Los Diálogos del Retiro”, gracias a los buenos oficios del profesor Enrique San Miguel. La propuesta de partida era el liderazgo político. Después, el debate, y las breves ponencias, discurrió por dónde los autores entendían.

Quizá una de la sorpresas fue escuchar al expresidente de la Junta de Extremadura, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, preguntarse a quién le interesa que los españoles no hablemos entre nosotros. O reivindicar el terreno común del bien común en política, más allá de lo que ahora dictan los de la política de los intereses, la política de la búsqueda y permanencia del poder por el poder, o las consignas de los denominados “spin doctor”.

Lo que le preocupaba a Rodríguez Ibarra no es solo la situación actual del socialismo, sino España y los españoles, la dinámica que él denominó de la tercera época de la Internacional Comunista, clase contra clase, la dialéctica perfecta, el virus de la, digamos, “podemización” de las nuevas generaciones de la izquierda.

Acababan de producirse las declaraciones de Felipe González sobre el acuerdo de Sánchez con Bildu y compañía. Y el expresidente de Extremadura, no sin prudencia, pero con claridad, se refirió a los partidos que lo tienen todo seguro y además sus líderes pueden decir lo mismo y lo contrario, y no pasa nada.

Amicus Plato, sed magis amica, ya sabemos, la verdad.  Hay que preguntarse qué papel están jugando los “viejos” de la Transición, de la conciliación, del 75 y del 78 en la política, en los partidos y en la sociedad española. Y quizá también en la Iglesia.

Otro de los ponentes destacados fue José Antonio Durán i Lleida, que, desde su confesa militancia en la democracia cristiana, reflexionó sobre el cambio en las formaciones políticas. Los partidos se sustentaban, hasta hace bien poco, en las cosmovisiones de ideas, en tradiciones políticas amplias, democratacristianos, liberales, conservadores, socialistas, comunistas... Ahora están en la micropolítica del relativismo, alejados de las propuestas de sentido. Están en la pura postmodernidad tecnológica.

La política del nuevo adanismo, los consejos sapienciales del Quijote, las guerras culturales o la batalla cultural en España hoy, -de manos del avezado periodista Bieito Rubido-, o el pluralismo confesional en los Estados, la Academia de Yuste, fueron algunos otros temas de una jornada de política transversal que bien merecía que se diera cuenta de ella.

Cómo decirlo. El pensamiento cristiano, esa doctrina social y política diversa en sus formulaciones, común en la raíz, fondo y forma, sin aspavientos, sin confesionalismo, sin clericalismos, sin adendas, sin imposturas, sin artificiales propuestas, sin sumisión a las ideologías, que no es lo mismo que inspirador de preocupaciones, ideas y propuestas.

                                                          

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