Opinión

La religión de las ciencias sociales

E. Voegelin señaló con acierto que "desde hace dos generaciones, las ciencias del hombre y la sociedad están dedicadas a un proceso de reteorización. Si bien con lentitud al principio, el nuevo desarrollo cobró ímpetu después de la Primera Guerra Mundial, y en la actualidad avanza a una velocidad vertiginosa". Esa reteorización necesaria para las ciencias de la comunicación social parte de unos presupuestos comunes a las ciencias de lo social: la destrucción de la ciencia que caracterizó a la era positivista en la medida en que los métodos de las ciencias naturales se convirtieron en el criterio para la relevancia teórica en general, y que la subordinación de la relevancia teórica de la ciencia al método nos lleva a perder el sentido de la ciencia como razón verdadera de la estructura de la realidad, así como la generación de la noción de que el orden social sólo se origina en la voluntad de poder y en el miedo. En este proceso quien salió perdiendo es la noción de hecho, referente del periodismo como forma de comunicación social de actualidad.

Las llamadas ciencias sociales –las ciencias humanas, en general- son múltiples, están sumamente fragmentadas entre sí y dicen cosas muy distintas. ¿Por qué; en qué medida incide en la cuestión que ahora nos ocupa? Algunas gentes, basándose en positivismos más o menos ingenuos –o basándose en otras cosas-, dicen que eso sucede porque las ciencias humanas están en un estadio "infantil", precientífico, no son todavía ciencias realmente. Evidentemente, esto es una cuestión que es falsa, fácticamente y desde cualquier punto de vista: una posición que no es fácil mantener hoy con algún tipo de rigor.

El segundo tipo de aproximación corriente, que por ejemplo ha sido extremadamente divulgada por el marxismo, es la identificación de gran parte de las ciencias humanas con ideologías, en el sentido marxista del término -hay muchos discursos porque hay muchos sistemas de intereses contrapuestos. Las ciencias humanas son muchas veces discursos de justificación de intereses, por tanto, de ideología; no son propiamente ciencias. Ésta es sobre todo una posición de origen marxista, pero está absolutamente instalada en la situación actual llamada "postmodernidad", donde muchas personas que no se definen como marxistas, mantienen ideas de este tipo. Obviamente, esto es falso en el sentido estricto del término porque, si bien es cierto que hay discursos retóricos y sofísticos de encubrimiento de intereses ocultos –evidentemente, los hay ahora y los ha habido siempre, y los habrá hasta el final de la historia-, sin embargo, no es menos cierto que se puede con muchísima facilidad establecer que la pluralidad de significados y contenidos de las ciencias humanas actuales no es principalmente un asunto de ideologías contrapuestas. Así ocurriría con algunas concepciones de la calidad en la comunicación.

Toda construcción teórica de la acción humana (una forma un poco abstracta de denominar una teoría de las ciencias humanas) es objetivamente –es decir, con independencia de lo que el autor o usuario de la construcción entienda que es esa construcción- expresión de alguna antropología. Si se nos da una lista de teorías o modelos de la acción humana, temáticamente etiquetados como "sociología" o "economía" o "comunicología" o "politología" o "teoría de la cultura", da igual la composición o extensión de la lista, mediante un trabajo sistemático que puede ser repetido por una persona con ciertas competencias técnicas, es posible establecer con un grado muy alto de precisión de la o las antropologías expresadas objetivamente en esa construcción.

José Francisco Serrano Oceja

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