Opinión

Aquel primer viaje de Juan Pablo II a España

San Juan Pablo II.
photo_camera San Juan Pablo II.

Las dinámicas mediáticas no se crean por generación espontánea. En términos generales suelen responder a intereses, siempre a intenciones. Los socialistas han lanzado una buena campaña para recordar aquella primera victoria electoral de Felipe González en octubre de 1982. Incluso la mala gestión, o digestión, histórica se ha notado, lo que ha aumentado la atención.

Resulta que tres días después de que los españoles le dieran 202 diputados al PSOE, -es decir, cuando se publica esta columna-, aterrizaba Juan Pablo II en España.

El primer papa que visitaba nuestro país. El papa que amaba profundamente a España y que, como dijo en el discurso inaugural del viaje en Barajas, “llego a vosotros al cumplirse mi cuarto año de pontificado. Exactamente un año después de cuando estaba programado, y que no pudo realizarse por las conocidas causas. Y quiero ahora manifestaros que desde los primeros meses de mi elección a la Cátedra de San Pedro pensé con ilusión en un viaje a España, reflexionando incluso sobre la ocasión eclesial propicia para tal visita”.

Es curioso, además, que el Papa pidiera, en ese discurso inaugural, que no se politizara el viaje.

Hay, sobre esa primera visita del Papa, un documental en Youtube de Goya Producciones que merece la pena ser visto. Cuando pude hacerlo hace unos días, recordando aquellas fechas, no sabía si reír o llorar.

Fue el efecto de las imágenes, del análisis del rostro, más incluso que las palabras, de aquel papa que clamaba en la Plaza de Lima a favor de la vida, que reivindicaba la dignidad del trabajo y la justicia social en Barcelona, o que hablaba de la verdad en Salamanca. 

Cuentan los obispos mayores, es decir, los que viven aún que fueron protagonistas de aquella visita, que en la Conferencia Episcopal, días antes, no sabían cómo controlar los nervios. La incertidumbre era mucha. Los españoles habían votado a los socialistas, por primera vez en muchos años, y no alcanzaban a pronosticar la reacción del pueblo. 

Llegó el Papa y todo cambió. Los españoles, desde la salida de Barajas, se echaron a al calle y no dejaron al papa ni un minuto solo. Tan impactados quedaron los obispos que la reflexión posterior produjo el primer plan pastoral, llamado “La visita del Papa y el servicio a la fe de nuestro pueblo”.

Recordar ese viaje no es un ejercicio de nostalgia solo. Que también lo es. La nostalgia, al fin y al cabo, es un sentimiento digno por lo que tiene de  agradecimiento. El problema es que solo actúe la nostalgia. O que la nostalgia paralice. O que dé paso a un olvido que no haga justicia con el pasado, la historia. Un olvido adanista que, al fin y al cabo, no responda a la realidad.

“El servicio a la fe de nuestro pueblo”.  Eso decían los obispos que, les aseguro, suelen tener buena memoria.

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