Opinión

La polémica sobre los intelectuales cristianos

Diego S. Garrocho.
photo_camera Diego S. Garrocho.
Durante los pasados días se ha producido un interesante intercambio de opiniones, principalmente en las redes, a propósito de un hilo, como se dice ahora, que abrió el filósofo de la Autónoma Diego S. Garroncho, en la edición digital de El Mundo, con un escrito titulado “¿Dónde están los cristianos?”.

Afirmaciones de un joven pensador, que se confiesa cristiano, que nos ayudan a centrar el debate: “Una sociedad huérfana de sentido como la nuestra tiende a procurarse nuevos ídolos cada poco tiempo”. “El pensamiento específicamente cristiano se encuentra del todo ausente”, “Incomparecencia pública del cristianismo” “Vigencia y necesidad de visibilización”.

Y un párrafo sobrecogedor: “Está la izquierda cultural, el marxismo talmúdico, la socialdemocracia, el populismo de izquierdas, el de derechas, el liberalismo erudito, el de audiolibro, los ecologistas, la izquierda de derechas, la Queer Theory, los conservadores estetizantes, la tardoadolescencia revolucionaria, el extremo centro, los del carné de un partido, los del otro carné… Y está, por supuesto, el catolicismo excesivo y de bandería. Están todos, absolutamente todos en un ejercicio de afinación sinfónica, todos menos la intelectualidad cristiana”.

Recogió el guante en “The objective” el también filósofo Miguel Ángel Quintana Paz con su “¿Dónde están (escondidos) los intelectuales cristianos?”, que con un estilo más suelto –incluso autobiográfico-, hace un repaso de los ámbitos en los que supuestamente se debería gestar y transmitir el pensamiento cristiano: colegios, universidades, medios de comunicación y demás factorías.

Concluía el charro y wittgensteiniano Quintana Paz que “todo eso puede ser verdad y, aun así, la pregunta de Diego S. Garrocho con que iniciamos este artículo seguiría siendo pertinente. Así al menos la he visto yo; y un buen modo de mostrar que Diego y yo nos equivocamos sería que radios, televisiones, colegios, universidades, institutos, editoriales, museos católicos recogieran este guante. No como lo recoge una damisela ofendida; sino como un reto para batirse en duelo intelectual. Para demostrarnos a nosotros, a todos, que el cristianismo, dos mil años después, sigue aprovechando cualquier ocasión para ponerse de actualidad. Al igual Jesús, también él, aprovechó el mero hecho de sentir sed junto a un pozo de Samaria para pegar la hebra”.

Tema peliagudo y oportuno que habría que dilucidar desde dos aspectos: primero, ¿existen hoy en España intelectuales cristianos? Segundo, ¿cómo hacen público su pensamiento para que tenga incidencia social, y no solo eclesial?

Es cierto que se ha producido un cambio generacional, desde la Transición, en el que se ha roto la cadena de transmisión y no proliferan ni las herencias ni los herederos. Emerge una nueva generación, la segunda y la tercera con fuerza, en los ámbitos universitarios, por cierto demasiado centrados en acreditaciones externas, verificaciones, agencias evaluadoras y “papers” cuantitativos de cada especialidad. La contradicción de que sean los de fuera los que te tengan que acreditar para que te reconozcan los de dentro. Y encima te marcan los temas, y las prioridades de investigación, con lo que lo que te exigen puede entrar en conflicto con los intereses para la prioridad de lo cristiano.

Si tuviéramos que hacer una lista de intelectuales cristianos, no nos saldría fácil en un primer momento. Es decir, hay un núcleo de protagonismo social en el que no aparecen nombres a bote pronto. Sí en un segundo ámbito, quizá de ambientes especializados. Pongamos un ejemplo, no tenemos un Julián Marías. Javier Gomá, aunque es cristiano y de fondo, no aparece como tal, ni es reconocido por tal. Existe un Higinio Marín, o un Juan Arana, pero no están en los grandes medios prescribiendo ideas y marcando tendencias.

Quizá nos encontremos en un proceso de transición, en el que se está configurando una nueva generación. Pero esta nueva generación sabe que los ámbitos, plataformas y contextos son más reactivos a los presupuestos de su pensamiento que en otros tiempos y aún no se han encontrado formas adecuadas, ni medios oportunos. Y prefiero no citar, al hablar de los medios de Iglesia, ningún caso concreto, porque escandalizaría.

Las redes no configuran ni generan núcleos de reflexión. Sí de transmisión espontánea que son una especie de círculo propedéutico. Pero se necesita salir de ahí para ir al gran universo de influencia socialpolítica.

Lo que no se puede negar es que la incidencia del intelectual cristiano es escasa en el conjunto. Quizá también por la forma de presencia y los planteamientos respecto a la eficacia de la propuesta cristiana. Digamos que es tan importante que haya intelectuales cristianos en los medios de comunicación, en las revistas divulgativas, en las webs de incidencia cultural, como en los grupos que asesoran y ayudan a configurar las propuestas de los partidos políticos. Y ahí es donde se nota la mayor carencia, en los flujos entre pensamiento, intelectualidad y políticas públicas.

Pero bueno, estos son datos a vuela pluma. Porque esta cuestión bien merecería que se debatiera en formato más extenso. Por cierto, alejado de ciertos foros confesionales con una asfixiante carga de ñoñería que echa para atrás.

Y un último apunte. Tengo para mí que esta cuestión no fue una prioridad de la Iglesia, digamos institucional como tal. Sí lo fue el mantenimiento de lo educativo, pero no la conformación y preparación de un liderazgo de intelectuales cristianos. Es posible que se hable no poco de esto. Pero del dicho al hecho hay un trecho. Pongo otro ejemplo final. Qué organismo de la Conferencia, Fundación eclesial, institución eclesial, ha dedicado dinero a la investigación prioritaria de cuestiones de pensamiento que incidan en la sociedad. Quién le ha dedicado dinero a la formación de liderazgos en este sentido. Algunas, pocas, conozco, no voy a citar nombres porque le sorprenderían.  

                   

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